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Wey, yo la verdad es que a muchos de ustedes, o sea, los conozco de vista. O sea, a ustedes tres los conocía, a ustedes tres no tenía el gusto, ni siquiera en una foto, ¿sabes?
Y wey, no, no, sé cómo decirles la grata experiencia que me estoy llevando. Todos han dejado algo de mí, algo de ustedes en mí.
Espero yo dejarles algo. Creo que todos somos una gran sorpresa para los demás, ¿sabes?
Pero todos tenemos cierta cosa. O sea, yo admiro, yo vengo, soy hijo de una mamá divorciada, que toda la vida fuimos su prioridad y nos sacó adelante.
Y eso yo te lo aplaudo y siempre vas a tener todo mi respeto. Y cualquier roce que tuvimos atrás fue una pendejada, porque ni siquiera existió ni te acordabas.
Exacto, o sea, es una pendejada. Es una anécdota.
Que yo conté que sacaron de contexto para hacer todo un trip. Y yo le di más vuelo porque dije, wey, pues quieren show, que se haga show.
Pero mira, aquí estamos sentadas lado a lado y de verdad que te lo, y se los he dicho varios. Eres una grata, eres una gran sorpresa.
Y me has dejado la, wey, eres una mamá. O sea, me encantaría siempre, te veo y digo, ay, me encantaría ser así, a todo mundo ayudar.
Porque, wey, de repente si alguien estornuda, dices, yo traigo kleenex. Y yo puedo traer kleenex en la bolsa.
No digo, me da hueva. Digo, wey, que me deje eso, ser linda.
Sabes, o sea, eres muy linda persona. Te lo felicito, te lo aplaudo.
Janet me dio una lección muy grande que la vida de repente, crees que ya la sabes y se te va. Y es que la amistad es algo que va más allá de todo lo demás.
La amistad es un regalo que la vida nos da. Y, wey, la nobleza.
Cuando viene acompañada de la amistad es grande. Y, janet, quiero que sepas que pase lo que pase, toda la vida cuentas conmigo.
Vas a tener, aquí tienes un gran amigo. Y tienes una vieja con, si tienes las nalgas hermosas, el corazón lo tienes más bonito que las nalgas.
Quisiera tener tus nalgas, pero tu corazón creo que más. Tienes un gran corazón.
Jimena, eres una dama, eres una lady. Me encanta tu prudencia, me encanta tu hermetismo.
Me encanta tu elegancia, tu elocuencia. Eres divina, hermosa, preciosa.
No sé qué haces rodeada de tanto pela fustana. Te amo, goza, goza.
Yo te daría un consejo, grita más tú lo que traes dentro. Porque muchas veces te vamos a comer.
Aquí estamos unas pirañas. Y tú tienes mucho que darle a la gente.
Créetela, yo siento. O sea, es una cosa.
No, por supuesto. Créetela 15 mil veces más.
Perfecto. Porque eres un avión, un paquetazo de mujer.
Y te vistes increíble, muy bien. Luisito, mi amor, estás guapísimo.
Créetela, tienes que trabajar mucho tu seguridad, tu autoestima. Porque eso va a hacer que brilles aún más de lo que ya brillas.
Nunca dudes de ti, nunca dudes de nada, de tu físico, de tu forma de ser. De hablar de lo que eres.
Porque, güey, eres más grande de lo que tú piensas. Estás muy chavo.
La vida más adelante, nosotros ya somos rucos. Yo tengo 47, güey.
La vida en unos años te vas a voltear y vas a decir, qué bueno que no perdí el tiempo y me puse pilas en chinga. Yo te lo digo porque, güey, yo de los 25 a los 35 dejé que se me pasara el momento.
Y a los 35 dije, ay, qué pendeja, ya estoy a punto de ser ruca y no aproveché ese momento. Aprovecha.
Estás en el momento exacto para hacer que todo explote porque detrás es mucho que darle a la gente. Hazlo.
Mucho. Y no te vas a ir, hijo.
Ya hablé con los directivos. Y memo, yo soy un amante de la gente culta, de la gente melómana.
Amo tu buen gusto musical. Amo que tengas esa iniciativa de ser bueno con los demás.
Lo admiro. La paciencia que tienes para cada persona, verla a los ojos.
Dedicarle el tiempo, hacerla sentirse como que ya es parte de tu vida, es guau, porque, güey, yo no sé ocultar y yo hay muchas veces que me empiezo a nombrar y me volteo y ya me voy, de que, ay, no, ya me perdiste y tú sigues como, no, no, no, no, no, y, güey, eso te lo espero que se me quede porque me encanta eso de ti y también te considero un amigo forever. Y mi querida aranza, güey, qué hueva que la vida te puso en esta visión.
Sí, yo te iba a denominarme y de ahí, porque, güey, porque genuinamente cuando te me acercaste y me dijiste, qué hueva, no lo hice así, te vi la cara y dije, pues, pobrecita, porque sí, qué hueva. Aparte, todo el mundo entró pensando que yo era un monstruo.
Hasta yo de repente decía, güey, ¿seré un monstruo? Porque cuando nos llevaron de prensa, de tour de medios, todos me preguntaban de qué, y estás preparado para ser el malo de la casa y yo le volteo y les decía, los que nos ponían de ahí de producción, y yo, ¿pero por qué todo el mundo dice que yo soy el malo de la casa?
Y dije, no soy malo. Y, güey, tú, que tú me lo digas, que una persona con la nobleza que tú tienes y con el alma tan pura que tienes, porque no se puede fingir, que me digas a mí que, güey, voy a llorar, que me digas que, güey, que ves lo que realmente soy, me hace, pues, acordarme que sí, que soy bien chido.
Y tú eres diez mil veces más chida que yo. Te quiero y esperemos que le ganes al pendejo el fe de mañana, te autosalves, te autosalves, y si yo quedo aquí, te prometo que vamos a ser buenas amigas, grandes amigas.
¡jefa! Y a ti te quiero decir que te amo y que me perdones porque no te hago caso.