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Hay que hacer algo. Ya se estamos volviendo a la casa.
¿qué tal el tenis de mesa estaría el futbolista? Ya sería la hora.
Ahorita sería la hora. En lo que se están maquillando las gorras.
O como diría aldo, unaipes, unas cartas. Hay unas cartas, eso estaría increíble.
Unas cartas, unas cartas aquí nada más. Ahí los cuatro estaremos dando cartas, dando contenido con cartas.
Güey, un color. El otro, el uno, güey.
Con eso. Ay, el uno sería, o sea...
Oye, moy nos puso un uno ese, el uno de... ¿está bueno?
¿no lo jugaste? No.
Nos puso un uno. Digamos que es con señas.
Pero eso es de ejercicios, a mí no me gusta jugar. Pero es la única manera que...
No, de cartas, sentados, parados, haciendo movimientos. Esos juegos a mí no me gustan.
Bueno. Y cada uno de los encantados quieres jugar.
Eso era para... Era mi peor juego al dar corriendo.
Güey. Bote pateado.
Aldo era el que siempre estaba encontrando y venía el bote pateado. Mi peor jugador a los encantados, de que tenías que correr desde hoy.
No, el bote pateado. ¿nunca jugaste bote pateado?
No. ¿no?
Tú sí jugaste bote pateado, ¿no? Jugaba a chinchilegua.
¿qué es eso? Esa es una maravilla, güey.
Que se ponían, te pones así en un... Dos equipos.
Ahí podemos jugar en la escalera. Se abrazan de un tubo.
Y uno abraza al que está abrazado del tubo. Y así...
Cinco y cinco. Como elefantes.
Entonces, se abrazan unos a otros. Y los otros cinco equipos, los otros cinco del otro equipo, sale corriendo uno, brinca, se sube al burro y hasta donde caiga enfrente, güey.
¿no? Ok.
Y luego brinca otro y tiene que caer atrás. Y así tienen que caer los cinco, güey.
Arriba de nosotros. Y luego te empiezas a mover.
Sin soltar. Para tirarlos.
Si se caen... Ahorita no lo juegaría ni loca, pero cuando tenía diez años en la cuadrícula.
Era un pinche juegazo. Sí.
¿cómo es? Chinchilegua.
Chinchilegua. Y yo iba a gimnasia.
Cuando mis papás se divorciaron, güey, mi papá me tenía bien karate. Ay, no, yo odiaba, lloraba, porque me llevaban a karate, porque decía, huele a patas, no quiero.
Odiaba, odiaba. Y cuando se divorciaron, mis papás...
Se fue mi papá de la casa. Y yo le dije a mi mamá, le dije a mi mamá, no, yo no quiero ir a karate.
Dije, ya no está este hombre que me llevaba. Ya no quiero ir a karate, mi mamá.
¿a dónde quieres ir? Y yo, gimnasia olímpica.
Ay, yo no me creía nadie a comanechi por el mundo. Y era bien buena para la chinchilegua.
Pues sí, mi mamá. Porque brincaba cabrón.
O sea, tenía piernas largas. O sea, güey.
Sí, claro. No estaba gordita.
Fuerdiush. Nada, pero...
Si no los zumbas en cierto tiempo... Ganas.
Ganan ellos. Ah, ganan.
Están arriba. Y si los tumbas con uno que toque el piso, ya chingo a su madre.
Y haces cambio. Se abrazan los otros al poste.
Igual. Y se les corren.
Aparte, yo jugaba con amigas y amigos, o sea, era mixto. Ajá, sí, yo también era mixto.
Yo, en mi cuadra, en la calle del aguacate, les mando un beso en culiacán. Era, yo me divertí mucho en esa cuadra.
Como que se jugaba mucho, ya sabes. Que los encantados, que fut base.
Uy, fut base. Qué perro, güey, esos barrios.
Fut base me mamaba. Pues es que nos tocó a nosotros el barrio, güey.
Ajá. Nos tocó el barrio.
Andar en bici todos. Salir a jugar.
Por el monte, experimentar. Eso me encantaba a mí.
Un abrazo allá a la jesús garcía, a la chuy garcía, allá en hermosillo, sonora. Uy.
A la dos. A la uno y a la dos.
Yo crecí así, de que, güey, en el monte, y yo explorando. Y luego, enfrente de mi casa había un canal, pasaba un canal.
Entonces, güey, cuando llovía, traía corriente y nos metíamos. Nos metíamos al agua, o sea.
Igual. Toda cochina, güey.
Fuerca, o sea, insalubre. Ahorita metes una idea, te lo quitan, o sea, de que, güey.
El dif. El dif.
Ahí era de que, bañate en la lluvia. Qué perro.
Y cuando llovía... Yo vendía zanahorias, hice todas las cosas que haces en la...
Oye, güey, ¿y nunca fumaste así de morrito, que se robaban cigarros y prendían cigarros? No, fíjate que no.
Fui más de la prepa. Fui vino santona.
Ah. Fui vino santona.
Güey, nosotros en el barrio, la sandra... También me llevaba más con las niñas.
Entonces, güey, no era tan de fumar y así. Ah, ok.
Los hombres, sí. Sí, a los ocho, nueve...
Caguameaban. Nos robábamos los cigarros de alguien y...
Ajá. O sea, era la maldad, ¿no?
Y se tomaban una caguama entre 14. Sí, exacto, exacto.
Güey, pero ahí en el barrio se organizaba bien chido. Sí.
En el barrio se organizaban bien chido las posadas. Ah, claro.
Era lo máximo. Claro.
Pero no las piñatas que tenían pura fruta. Esas eran...
No, es que me toqué esas también. No, en culiacán.
¿en culiacán sí había dulces? O sea, de qué, güey.
Claro, tenía que venir con dulces. Chocolates dignos.
O sea, hice billetes. Ni qué, güey, hice así.
Sí, claro. Hice billetes, mijo.
También tú no mames. En culiacán sí hay billetes, no chingaderas.
¿y tú en hermosillo? En halloween.
En halloween. A mí en mi época de halloween ibas a la chapule, que era la colonia como de los ricos, a pedir.
Queremos halloween. O sea, yo vivía en las quintas, que era como abajo de los ricos.
Tú, culiacán, lo viste. Es broma.
Es audio de piso. Ah, es el igual.
Ibas a pedir a esa colonia halloween. Y ahí te daban chocolates gringos, ya sabes de cómo.
Claro, los willy wonka. Snickers, mitos mosqueteros.
Sí. Había filas.
Ya sabes, pero todo el mundo, y en una combi, todos disfrazados así. Yo sí me acuerdo, tuve una infancia bien chingona.
Queremos halloween. Compramos un pinche mono para halloween en tu casa, güey.
Un espantapájaros, güey, que está dormido y tiene una canasta de dulce así, ¿no? Y cuando llega la gente y tiene un sensor, güey, y se acerca, güey.
¡guau! Bien cabrón, güey.
Y me muero. Puse la gopro escondida, güey, ahí.
¡ah! Las reacciones, ya.
Había béisbol. Ve lo que mala persona.
Ve lo que mala persona. Ahí los tiene como envidiosos.
Y el primero que llegó al barrio fue mi papá, güey. Llega mi papá, güey, pick-up lleno de trabajadores y la chingada.
Se baja del carro y... Sale, gracias, nos vemos.
Se voltea y viene su pinche mono. ¡ah!
Ve un brinco mi jefe y todos los trabajadores. ¡ah, no!
Cabrón, güey, cabrón. Y bien curado porque llegan las señoras, pues.
Sí, claro. Y llega mucha gente de fuera.
Y gritan. Y el mono grita, se prende en color.
Se espanta, o sea... Ya me muero.
Se le ponen los ojos rojos y aparte un grito de... ¡ah!
De bruja, güey, acá. Y sí, güey, estaba con la pinche cámara escondida, güey.
No mames. Todos los que pasaban, todos los que llegaban ahí, güey.
Y los que ya saben, güey, llegan y le dicen a los demás. ¡agarra dulces!
Ahí tienen dulces. Ay, sí, todo el mundo quiere ver que se espanten.
¡pah! Cabrón.
Bien perro. Esas épocas son maravillosas, güey.