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Seis semanas. Todavía no he tenido de ese tipo de sueños raros, pero no tardo, güey.
Tampoco, tampoco, pero sí. Ay, qué cabrón.
Enrique, entré medio triste, medio así, como que no... No me he dado garantías, pero ya, ya, ya.
No, además que ya te mandaron tu corazonzote. Sí.
Mi amorcito, en lo que platicamos, vete haciendo una reservación para cuando salga, ¿no? Así de fin de semana.
De fin de semana. Ándale.
Que tenga potro del amor, mijo. Y tú, bo...
Mejor ni mona, o sea, de dos días. Me han contado.
Hay que desestresarse. Ay, qué cosa.
Una mano amiga siempre es buena. Así es, así es.
Sí, yo estuve sola seis años, pero sí tenía a mi ciberamigo en el buró. ¿qué te pasa?
Tampoco era patrón. Tanto, güey.
Hoy nunca se me ocurrió preguntar, pero ¿permitirán dentro de los accesorios que nos permiten? Un vibrador.
Ajá, juguetitos. Aunque sea pasar en la regadera.
¿pero quién fue la pendeja que me dijo, cómprate un cepillo de dientes eléctricos? ¡ya!
Pero y barra. De los eléctricos.
Pero y barra. Ay, la amo, la amo, la amo.
Me decía, cómprate un cepillo de dientes eléctricos. Y ella me dio, ya estaría toda cepillada, güey.
No mames, qué dolor. No, yo no puedo.
Yo te conté, ubicas a edelmira, la sexóloga que va al programa de hoy. Sí, sí.
Este, era colaboradora, lo fue hasta hace un par de meses, este, de nuestro programa de radio de café globo. Y es, bueno, nos volvimos muy amigas, este, porque pues ya han sido muchos años de conocernos.
Y hace dos años le pedí que fuera como mi maestra de ceremonias de mi fiesta de cumpleaños, de 45 años. Invité puras mujeres, éramos 50 mujeres.
Qué chido. Entonces, dije, ay, pues, la sexóloga, creo.
O sea, yo no sabía que también hacía como fiestas y dinámicas. Dije, pues, va a estar muy divertido si somos puras viejas, ¿no?
Ajá. Entonces, este, bueno, ya hizo unas dinámicas muy cagadas.
Por cierto, le mando saludos a luz blanchet. Ya me imagino.
Y luego. Estábamos muy cagadas todas.
Y este, y al final, pues, ya puso su puestito de vendimia con bolsitas de un almacén muy reconocido. ¿cómo pasa?
¿cómo pasa? Entonces, todas salíamos con nuestra bolsita.
Tu bolsita de la compra adquirida en la fiesta. Del súper.
Tu bolsita del súper. Yo también compré el mío, ¿no?
Entonces, este, en eso, pues, mis hijos se fueron a la escuela. Bueno, al día siguiente ya la saqué.
Este, la dejé encima, en la sala. Ay, yo hice lo mismo con mi hija.
Ahorita que, sí, ahorita la guardo, no sé qué. Maldito tdah, no sé, alguien me llamó, me puso a ver el celular, se quedó ahí.
Llega mi hija de la escuela. ¿qué pasa?
Yo no me digo, yo estaba haciendo otra cosa. Estaba en la cocina.
Abre la cajita, no sé qué, y en eso empieza. En eso llego yo a la sala y empieza.
Mamá, ¿para qué es esto? Es masajeador.
Yo eso le dije a mi hija. Y yo, güey, qué bueno que no lo había estrenado.
Que era nuevo, güey. Yo a mi hija, sí, yo a mi hija, sí, estaba bien chiquita y así.
¿para qué es esto? Mi hija, a la fecha, ya no entra a mi vestidor.
No. Porque decía, no puedes entrar a mi vestidor.
El que busque encuentro. No, pero es que yo lo dejé.
Yo no leo tus diarios. No, elisa, sí me...
Y sí le dije, para hacer masajes, mi amor. Mira, mira, y yo haciéndole masajes con el consolado.
Ay, no, no, no, no. Si este no tenía una forma como muy obvia, pero sí era como...
No, elisa era muy chiquita, bendito sea dios, porque este sí estaba más obvio. Pero yo para hacer masajes, mi amor.
Tampoco el que es literal, ¿verdad? Pero...
Ay, no, no, no, no. Eso no me gusta.
Qué vergüenza. Yo, sí, sí, para eso es, mi amor.
Mira qué sabroso se siente. Aquí en el cuello, mira, se siente re sabroso.
Y luego la otra buscando. Dije, te voy a comprar uno para ti, para que cada quien tenga el suyo.
Tú sos el tuyo, yo el mío. Ay, sí, papá.
Yo haciéndole, no agarras mis cosas. No, pues no.
No, lo escondí. Mi hija todo encontraba.
Sí, sí, las niñas son muy curiosas. No, yo si a elisa tiene...
A la fecha ya no entra mi vestidor. Y yo no entro a su cuarto.
No. Jamás le he abierto un diario.
Nunca. Nunca le he abierto un diario, jamás.
Y tiene un altero así de diarios en el cuarto. Ay, qué padre.
Nunca, no, porque una vez mi mamá no solo lo encontró. No tenía más que diarios, tenía agendas y las tiene.
Me corrigió con rojo todas las faltas de ortografía. Ay, ¿cómo?
Mi mamá, te digo que mi mamá era tremenda. Sí, sí, me has contado.
Mi mamá era de la antigua, güey. Mi mamá era la antigua.
Sí, dura. Durísima.
Pura y dura. Durísima.
Durísima. Ay.
Sí, primero te cacheteaba y luego averiguaba. O sea, entonces.
Sí, mi mamá sí era cabrona.