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Recuerdo que, que, o vete a dormir pero te regresas a las 10 de la mañana para que haces aquí en la tienda. Y yo, pero ¿por qué?
¿por qué yo tengo que trabajar si yo soy una niña? Y tú eres mi mamá.
Y me decía, porque yo tengo trabajando toda la semana, todo el día. Y yo quiero descansar el sábado.
Entonces, necesitas venir, necesitas aprender, necesitas ver cómo se lleva un negocio, necesitas... O ella tenía que ir a surtir cosas a estados unidos.
Y pues la señora, la muchacha que nos ayudaba, pues mi mamá no confiaba en ella y no quería dejarla sola. O porque eran temporadas altas y se metían de a dos, nos robaban un chorro.
O sea, a veces se metían dos o tres personas a la tienda al mismo tiempo. Y pues eran, eran como, no sé, dos veces este gym.
Dos o tres veces, sí, en su momento tres veces este gym. O cuatro y luego se fue haciendo más chiquita porque empezó a rentar la mitad y así.
Y, y unos, y unas te distraen de que, ay, a ver ese perfume que está allá. Entonces tú estabas volteada agarrando y acá te estaban robando, ¿no?
Cuando estaba una persona, pasaba mucho eso. Entonces ya nos robaban.
Entonces de repente hacíamos el inventario y faltaban cosas y era como de puta madre, ya nos robaron. ¿no?
Entonces, yo sé, o sea, pero yo sentía... Yo sentía que por qué me tenía que perder de estar con mis amigas, güey.
Si era mi día libre, el sábado en la mañana. O porque me tenía que levantar temprano a las nueve para ver que la mamá de mi amiga me trajera a la señora a mi casa y poder estar a las diez trabajando cuando yo el lunes tenía que estar en la secundaria otra vez y decía, pero es que no entiendo, no entiendo por qué no.
Ay, también la levantaba. Tarde era un pedo.
Pues ella se tenía levantando todos los días a las seis de la mañana para levantarme a mí o para llevarme a mí a la secundaria porque entrábamos a las siete. Escuela secundaria federal número uno, licenciada adolfo lópez mateos.
Nos quedaba a doce minutos de mi casa a la secundaria en coche. Pero, o sea, yo entraba a las siete, teníamos que salir seis cuarenta y cinco para que yo llegara a tiempo.
Entonces nos levantábamos a las seis, me metía a bañar, shalalá, me cambiaba, todo eso. Pero, entonces el domingo, el sábado y el domingo, ella se quería levantar tarde porque ella me había llevado a la escuela todos los días bien temprano y de ahí ella se pasaba al gym y luego de ahí ella se pasaba a abrir la tienda hasta las ocho de la noche.
Y entonces era un, eso era un tema entre ella y yo de discusión, de... Pleitos de decir, ¿pero por qué?
La que tiene que trabajar aquí eres tú, le decía yo. Porque tú eres la mamá.
Y yo lo que tengo que hacer es estar con mis amigas, como están todas, ¿por qué? Y me decía, pues porque ellas tienen un papá que provee y su mamá no trabaja y entonces ellas están ahí con la mamá, o sea, se levanta la mamá de la que te invitó y les hacen desayunar o les piden tacos y tú tienes otra vida.
Y yo... Y yo pues no, dios, me choca tener que trabajar si son mis días libres.
Si me quiero levantar tarde también, yo también estoy cansada, yo también... O sea, yo también además no podía levantar tarde los domingos o los sábados, ¿no?
Y era una pleito entre ella y yo de que no me dejaba irme o de que si me quedaba en la casa, por ejemplo, que le hacía caso, ¿no? Y me decía, no, no puedes irte a dormir a casa de nadie.
Porque mañana a las ocho y media quiero que estés en la tienda, quiero que abres la tienda con la muchacha, ¿no? Y yo, pero a las ocho y media no hay nadie, es domingo.
A las ocho y media se abre la tienda y punto. Y yo, uff...
Les juro que la gente empezaba a llegar a las diez de la mañana, pero bueno. Entonces me quedaba en la casa, empotadísima, porque todas mis amigas estaban en la pijamada y no me levantaba temprano, ¿no?
Levantaba ya a las nueve, ¿te das cuenta? Y iba y me decía, ¿qué pasó?
¿por qué no te levantaste? Este, ya está abierta la tienda, por favor, bájate.
Y yo, es que ¿por qué te estás despertando? Sí, yo hoy me quiero levantar tarde.
Porque ya no me dejaste irme con mis amigas. Y ahora me quieren levantar bien temprano para que va a abrir la tienda.
¿de quién es la tienda? Le decía yo, o sea, bien pendeja que me le ponía.
Neta. Oye, ahorita les voy a decir, porque entiendo todo, ahorita les voy a decir.
Y yo, ¿pero quién es la mamá? ¿tú o yo?
Así, oigan, a mi mamá. ¿quién es la que tiene que proveer?
¿tú o yo? Entonces, tú vete a trabajar.
O sea, yo tenía doce, trece años, me acuerdo. Y no, como quiera me decía que me bajara.
No crean que ahí se quedaba llorando en una esquina, no, me decía. Porque así nos tocó a nosotras dos.
Porque... No hay un...
Yo te mantengo a ti. Y porque quiero que un día tú sepas cómo...
Bien paciente mi mamá, la verdad. Quiero que un día tú sepas cómo llevar este negocio cuando yo no esté.
Por cualquier cosa de esto hemos vivido toda la vida. Entonces, mal no nos va.
Entonces, quiero que sepas cómo es todo el tema del comercio y todo eso. Entonces, ya me bajaba yo aumentando madres, pero me bajaba la tienda.
Y ya, se me pasaba, ¿no? Iban mis amigas, la tienda estaba en la plaza.
Entonces, iban mis amigas. Me daban la vuelta, nos íbamos por un elote.
Luego le decía a mi mamá, queremos ir al cine a las seis. Y me decía, ándale, vete a las seis, pero te regresas acabando la película.
O cosas así, ¿no? Bueno, cuando entré al cea, o sea, diez años después, no.
Ocho años después de todo esto que les estoy platicando. Nueve años después.
Ella todavía vivía. Y ya, me doy cuenta que en el cea es una...
Régimen. O sea, ocho de la mañana en televisa, ya en tu salón de clases, y si llegas quince o veinte minutos tarde, ya no te dejan entrar, depende del maestro.
Tienes una falta, y las faltas son muy importantes para tu estancia en esa escuela. O sea, disciplina.
¿no? El teléfono no existe en el salón de clases.
O sea, no puedes estar mensajeando, no puedes estar texteando, no puedes estar... Porque te sacan y te ponen falta, y esas faltas al final te están evaluando todo el tiempo, y las faltas son un motivo muy grande por el cual te pueden correr.
¿no? Entonces, yo jamás en mi vida falté a una clase de actuación del cea.
Jamás en mi vida llegué tarde. Y había compañeros que todos los días llegaban.
Media hora tarde, veinte minutos tarde, sin bañarse, con la misma ropa de ayer, de que habíamos hecho un chingo de ejercicio. Habíamos llorado, como que no se iban a dormir a su casa, entonces se iban a dormir a casa del novio, de la novia.