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Mariana, yo quiero que te vayas de la casa porque no me gusta tu juego. Me quedé muy pensativa con lo que dijo apio el domingo pasado, que fue que no estaba bien, creo que te conoce de hace muchos años, y hizo un comentario que dijo que no estaba viendo a la mariana que él conocía aquí en la casa.
O sea, que no eras tú, que qué pasaba, que por qué no reaccionabas a los estímulos. Y por lo que entendí, tú dijiste que estabas de acuerdo con él, que sí habías estado, que no entiendo muy bien qué fue lo que dijiste, pero que estabas de acuerdo con él y que ibas a comprometerte más con el juego y con estar.
Y la verdad es que esta semana te estuve observando y te sentí exactamente igual que las semanas pasadas. O sea, eres agradable, siempre estás sonriendo, siempre estás cantando, pero en realidad te vi exactamente igual, entonces esa es la razón por la que quiero que te vayas.
Querida gema, no, le entendiste mal a apio. Dijo que mi juego no era solo ser mamá, que tenía muchas más facetas que eso.
Y mi juego, pues efectivamente no es contigo, por eso tal vez tú me veas igual, pero ante las cámaras y ante el público he abierto mi corazón a otras cosas, lo cual no va a pasar contigo. Y yo te agradezco que esta semana...
También tu juego haya cambiado como te lo pedí la semana pasada, lo aprendí mucho, pero pues el mío va para otra dirección. Sí, sí.
Gracias, gema. Adelante, gema.
Sí, yo no, yo no, a mí no me interesa saber tu historia ni que tú abras tu corazón conmigo, lo único es que sí dijo claramente que tú no dejabas que te, que te trataran así, que dónde estaba esa mariana y esa mariana sigue igual hasta esta semana, hasta este, hasta el día de hoy, entonces eso es a lo que me refería. Gracias, gema.
Gracias, gema. Gracias, mariana.
Gracias, gema.