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Cerca ni de gente ni de situaciones que me provoquen ganas de volver a beber, ¿no? Entonces, yo decía, si yo le cuento a mi mamá esto, capaz que ella se vuelve loca y quiere tomar.
Bien trastornada yo de chiquita, güey. O sea, como que yo la cuidaba a ella, para que a ella no le dieran ganas de tomar.
Entonces, yo decía, si yo le cuento a mi mamá que alguien me hizo algo, mi mamá va a ir a hacer un pedo, se va a pelear, va a hacer un desmadre y le va a dar ansiedad y le van a dar ganas de tomar. Y esa no era mi responsabilidad, güey.
No, pues no. O sea, es que a veces optamos de responsabilidades muy chicos, güey.
Me sentía yo a veces como la mamá de ella. Sí, no.
La codependencia. Güey, sí.
¿o la dependencia? O la dependencia, porque yo solita me generé eso, ¿eh?
O sea, digo, no le estoy echando la culpa a ella ni nada, pero ella era su manera de expresarse, como de decir... Yo pienso que no sola, porque son situaciones...
La verdad es que la vida, yo he entendido que son situaciones que me tocó vivir y yo no soy culpable ni soy responsable, porque son cosas que me tocaron vivir, güey. O sea, ni voy a cargar eso, o sea, del niño, de muchas cosas que yo pasé, no lo voy a cargar, no voy a decir, por mi culpa, porque no fue mi culpa, porque no fue mi intención, porque no lo hice.
Tú no querías caer en ese mundo, güey. Fueron unas cosas que pasaron y me pasaron y ya.
O sea, porque es un pinche pedo estar cargando cosas desde niño. La culpa es horrible, güey.
La culpa. Y cualquier situación te causa culpa y quieres expresarte y te sientes culpable y sientes que, ay, no, es un pinche martirio emocional.
No, y lo que vos hiciste con eso, te volviste un ejemplo. Estás en el programa más visto de todo méxico y hoy todo el tiempo contás anécdotas de cómo...
En las que pudiste hablar de tu madre mucho en la vida. Sí, güey.
O sea, no nada más, que si las drogas y esto, o sea, te pusiste en riesgo tu vida muchas veces. Mi vida, muchas veces en mi vida.
Y dios te tiene aquí, güey. Y me trajo a chávez.
Y te trajo hasta aquí. Y me trajo hasta acá, güey.
Y a chávez, güey. Ese sí fue un mensaje del grupo, güey.
Sí, fue un mensaje de vida. ¿vos lo admirabas mucho a él?
No, pero sí sabía que él pertenecía al cónicos alamor. A doble a, sí.
Y qué padre, que dijo, yo no sabía que tenía clínicas de rehabilitación, güey. Sí, tiene clínicas de rehabilitación.
¡guau! Eso me impresionó.
A mí me hizo muy bien que venga. No lo conocía, ¿eh?
Pero sí... Sí.
Sé de varios famosos que están en un programa. A mí me pasa que, también hablando de cuando éramos chicos, mi familia, que hoy está muy bien, había mucha violencia familiar, ¿viste?
Entonces, de alguna forma, cuando yo era la más chiquitita, lloraba, lloraba, decía, basta, basta, basta, basta, como que en algún momento se terminaba eso, ¿viste? Entonces, yo creo que también, como que siempre le tuve...
Y después atraje a alguna que otra pareja así, también, no conmigo, pero como, ¿viste? Como por ahí estar nervioso y romper una puerta o algo así.
Sí. Sí.
Y como que yo siento que estaba en un círculo vicioso que cuando pasaba eso... Paralizaba y no era inteligente, ¿entendés?
Como que no sabía cómo reaccionar. ¿no puedes creer que la vida, no sé cómo, me puso a jugar al boxeo?
Y no te puedo explicar la alegría que me da como haber alquimizado eso, ¿entendés? Como algo que yo vi como tan feo, poder hacerlo a poder propio, defensa, también...
Y que a ti te sane. Y que a mí me sane admirar, ¿viste?
Ir a un club y ver como que todos lo... No sé, es muy motivador ir a un club de boxeo.
Con esas historias de vida, es muy sorprendente. ¿algo parecido a lo que dice cari de su grupo?
Sí, claro, claro, güey. Sí.
Y es mucho el deporte a nosotros, el deporte nos favorece mucho. Sí, ¿no?
Calmas los demonios, ¿verdad? Sí.
Sí, sí, sí. Sí, pero a veces como cuando escucho los testimonios de las demás personas, digo, güey, ¿cómo cada...
A mí no me tocó ser la adicta, me tocó tener al familiar exadicto? ¿cómo carga?
¿cómo carga? ¿cómo carga uno con responsabilidades como lo que te estoy contando?
Que no... Mi mamá era una adulta, güey.
Y si ella volvía a beber o no, era solamente responsabilidad de ella. Cari, cari.
No era... Sí, sí, sí, sí, sí.
Sí, güey, responsabilidad de uno. Es como yo, o sea, mi familia se preocupa por mí, pero yo no pienso volver a beber.
Pero las veces que me fui a beber no fue responsabilidad de mi familia, güey. No, güey.
O sea, fue porque yo quise o porque no quise. Ni porque te hicieron enojar, ni porque no hicieron lo que tú querías.
Nada de culpar a la gente por tus mamás. De que yo me siento mal y me siento así por culpa de la gente, no.
O sea, sí, a veces sí hay, a veces sí tenemos que reconocer que a veces sí hay gente que se pasa de lanza. O te dejas afectar mucho.
Claro, obviamente, permites muchas cosas, pero por lo mismo, como... Yo en lo personal, viví tantas cosas que la verdad en mi caso personal yo no las voy a platicar aquí.
Ni quiero, ni intento, porque son cosas que tal vez no me tocaban y no quiero platicarlas, güey. O sea, la verdad.
No, no, no. Prefieres guardártelas para ti.
Las platico en mi grupo, las platico con gente de confianza, en mi grupo, con mi padrino, las platico. O sea, porque no todo se puede platicar.
Pero sí fueron situaciones en mi vida de niño que agarré mucha responsabilidad y que aparte cosas que viví que dije, güey, yo pensaba que era normal vivir todo eso. Yo pensaba que era normal, ya sea en lo social, en todos los aspectos, en lo familiar, en todos los aspectos, que yo creía que era normal, güey.
Y no es normal. Desde ahí cargaba yo una culpa.
Y una responsabilidad que no era tuya. Desde niño cargaba una culpa y una responsabilidad de yo tengo y te exiges, te exiges, te exiges y te da miedo.
Y piensas primero en los demás, güey, y no en lo que tú quieres. Miedo a que te regañen, miedo a que te digan, miedo a que te rechacen.
Que te rechacen, güey, digo la chingada, o sea. Desde niño yo, lo de mi preferencia sexual, de eso sí lo puedo hablar.
Yo desde niño sabía que me gustaban los niños. Claro, ¿desde qué edad te acuerdas?
Desde los seis me gustaban jugar a las muñecas. Desde que te empieza a gustar a una niña, se supone.
O sea, no, me gustaban las muñecas, me gustaba jugar a cosas de niñas, me ponía las zapatillas de mi mamá, me gustaba ponerme pechos, o sea, me pintaba las uñas, me pintaba los labios, me ponía camisas en el cabello. Y yo ya andaba vestiéndome de mujer a la edad de seis años y me vestía escondidas, güey.
O sea, mi mamá no me veía. Imagínate, güey.
Pero sí, sí se enteraba mi mamá. Claro, pues a todos se dan cuenta.
Sí se enteraba, güey. Pero no pasé con mi mamá de que me regañara.
Por eso, güey. Qué inteligente tú, mamá.
No pasé rechazo de mi mamá y de mi papá que me dijeran, por mi preferencia sexual, que me dijeran, eso no está bien, tú eres niño. O que te pegaran por estar recién.
O que me pegaran. Sí, como muchas personas, ¿verdad?
Exacto, como muchas que lo pasan, güey, la verdad. Y le agradezco a la vida por no haberlo pasado.
Pero no lo viví, güey. O sea, me regañaban porque le dejaba un desmadre, me regañaban porque le agarraba sus zapatillas, porque le agarraba sus cosas.
Mis hermanos sí me echaban carrilla. Sí, sí.
Mis hermanos sí me echaban carrilla. Entonces, desde ahí yo empecé a sentir.
Pero también eran niños. Sí, yo empecé a sentir de esa edad que estaba mal.
Porque estás siempre unidos con tus hermanos. Es como una familia, los hermanos están unidos.
¿son los que empiezan a cagarte el palo o a guardarte, güey? Exacto, pero ellos lo hacían...
Inocentes, güey. Inocentes, güey.
O sea, también no creo que lo hayan hecho con maldad. Claro que no.
Porque ahorita me respetan mucho, me quieren mucho. No, pero los niños no saben lo que puede llegar a lastimar, güey.
Entonces, sí lo viví en cuestiones con mis hermanos. ¿y qué tiene?
O sea, lo puedo hablar porque siento que también esto sirve para que también entiendan mi punto de vista que llegué a tener. De niño sí lo llegué a vivir porque a veces ellos...
No tanto de mi preferencia, sino que no encontraba a alguien que le gustaran las mismas cosas que yo. Siempre quise tener una hermana.
O un vecinito que fuera igual o una amiguita. Como si tú y yo nos hubiéramos conocido de niñas.
Por eso siempre compagino con alguien que le encanta el desmadre, le encanta el desvergue. Siempre de niño carecí tener a alguien que le gustara lo mismo que yo.
O sea, ¿con ninguno de tus hermanos jugabas a las maquinitas? No, güey, porque a mis hermanos les gustaba el fútbol, vayan a las maquinitas, andaban jugando cosas de niños y yo no quería jugar cosas de niños, güey.
Entonces, me sentía incomprendida, güey, de esa edad. O sea, tienes seis, siete años, no entiendes lo que es incomprensión, no entiendes lo que es no sentirte parte por algo que es natural para ti, que te gusta y que te hace feliz.
Porque tú no sabes cómo lidiar con ese sentimiento, güey. Sí, no sabes, güey.
Es como de, ok, no quiero que me gusten los niños, pero no puedes que no te gusten. Sí, no.
O sea, no es una chiflazón. O sea, mis hermanos no me echaban carrilla de, ay, te vestiste de mujer, pero como sabían que mi mamá me regañaba, le decían a mi mamá a veces, porque yo era bien castrosa.
Tú también les cagabas el palo cuando podías. Porque yo les cagaba el palo, iba fuera de las maquinitas y estaban en las maquinitas y me mandó mi mamá, porque yo era bien pinche escandalosa, me mandó mi mamá y me dijo que se fueran, que ya se fueran a la casa.
No, ahorita nos vamos, no, no me voy a ir de aquí hasta que se vayan conmigo. Así bien perra yo y mis hermanos, pues, decían, esta, le vamos a cagar el palo también.
Llevada de hermanos, güey. Sí, sí, sí, sí.
Llevada de hermanos, que después lo detonó cuando ya realmente me vestí de mujer, cuando salí, cuando viví todo eso. Ya traía yo cosas, ya traía yo cosas, ya traía yo cosas en, en, ya traía yo cosas, güey, arrastrando, sin saber qué eran, y de repente me detonó cuando salí.
Ni de mis tías pasé eso, güey. O sea, no viví de mis tías, no, no viví nada, güey.
O sea, dentro de toda tu historia, tu niñez no fue como, a lo mejor en la secundaria y así, un poco de bullying de tus compañeros. De secundaria sí.
Pero de chiquito en lo que te estás descubriendo, no te molestó, tuviste unos papás comprensivos. No me molestaron.
Ay, qué bonito. Una tía, mi mamá me llegó a platicar que una tía le dijo a ella que me llevara con psicólogo.