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Concho, era mi pareja, güey. ¿cómo?
Era el que era mi novio. Pero no puedes andar con alguien del grupo.
Ay, ya, bien perra. ¿no te lo recomiendan?
Sí, pues no me lo recomiendan, pero ya viví la experiencia. ¿y qué tal?
Ay, amiga, me fue muy mal. Te hablan, gemma.
Ay. ¿sí?
No, sí me fue como en feria, güey. ¿pero anduviste con él?
Sí, güey, duré un año, dos años, creo, un año. ¿iban al grupo juntos?
Sí, vivíamos en el grupo los dos. ¿en la moxa?
¿o sea, lo veías todos los días? Todos los días.
Me entró una celotipia. ¿por qué?
Por él, mucho. Pues siento que tenía que haber pasado esa etapa de los celos.
Muy enfermiza. ¿y se ayudaban entre sí?
¿eh? ¿o sea, se aconsejaban entre sí?
No, hombre, yo lo celaba bien harto, güey. ¿pero con las otras nuevas?
Con todo. Con el teléfono, con personas, con viejas, con jotas.
Bien posesiva. De ese sí me pasioné.
Tal y como nos apasionamos los alcohólicos, en recuperación, l, los liberales, así. Me sentí que era mío nada más.
Ay, de ahí aprendí tanto, hermana. ¿recuerda quién se lo olvida?
Pues, ¿qué se lo olvida? Lo que vivió puede tener nuevamente, puede volver a vivir lo mismo.
Exacto. O sea, a mí no se me olvida cómo anduve.
No, o sea, cuando te pasan cosas feas y no aprendes la experiencia, la vuelves a vivir. Pero estuvo bien, ira, porque me di cuenta que la soledad me hacía daño.
Me di cuenta de que no había trabajado bien mis valores y mi autoestima, que todavía... ¿pero qué hacías?
O sea, dame un ejemplo. Le quitabas el celular.
Le quitaba el celular. Y se lo checabas.
Se lo checaba. Íbamos a un lugar público y pues me habla mucha gente, pues la gente que me conoce en redes sociales.
Y de repente, hasta porque veía viejas, güey. Tanto era mi celotipia que hasta porque veía viejas.
Porque se les quedaba viendo. Se les quedaba viendo.
¿y tú qué le ves? Uy, ¿yo qué le ves?
¿te gusta? Así bien insegura.
¿qué? Maldita zorra que soy.
¿y acabaste bien con él? No, terminamos, se fue.
El día de mi aniversario, el día que cumplí cuatro años, el 17 de marzo. El día de mi aniversario que cumplí cuatro años, ese mismo día en la mañana, me dijo, ¿sabes qué?
Ya no quiero estar contigo. Ya nos habíamos dejado como cuatro veces.
O cinco. Y siempre regresábamos.
Pero esta última vez, ocho días antes, habíamos terminado. Y pues, obviamente le...
Pues, obviamente, sí, se lo aplaudo porque tuvo el valor para decir ya, ¿no? Porque pensó en él primero.
Sí, claro. Si se estaba haciendo daño.
Exacto, pero ya después pensé en mí. O sea, a pesar de que me dejó, pensé en mí.
Dije, sí es cierto, esta no es vida, no está siendo feliz, güey. O sea, yo no estaba siendo feliz.
La verdad, no era feliz, güey. No, es que...
Por mis celos, mis inseguridades. Tal vez él sí daba todo para hacerme feliz, pero yo no podía vivir.
Porque tú no estabas bien, güey. No estaba bien, güey.
¿y qué me dice? Dice, ¿sabes que ya no quiero estar contigo?
Y ese día me acuerdo que le habló a mi padrino, porque cuando tengo problemas siempre le hablo a mi padrino. Sí, mi mamá también.
Siempre, güey, o sea... Casi, casi que le aconsejaban lo más importante, las decisiones más importantes.
Sí, cuando me enteré lo de mi papá que tiene alzheimer, cuando me enteré de mi mamá que iba al psiquiátris, porque también, obviamente, tiene tratamiento, ella, depresión y cosas así. No sabía lo de tu papá.
Sí. ¿y se acuerda todavía?
Pues, claro, o sea... ¿pero se le va a olvidar?
¿cómo? Dijiste que tiene alzheimer.
No, parkinson, perdón. Ah, pendeja.
Parkinson, perdón. Parkinson.
Siempre confundo. Sí.
Y me dolió, o sea, me pegó. Los temblorititos, ¿verdad?
Sí, güey. Y ya, mi padrino me ha dado siempre mucha fortaleza.
Sí. Siempre me ha dado la verdad, aunque me duela.
Aunque duela. Es que por eso son ellos, güey.
Siempre me ha dicho las cosas. No te pueden dar por tu lado.
No. Siempre.
Entonces, ese día que le marco, le digo, padrino, ya me dejó otra vez. Y me dice, ya.
Ya, quiérete un poco. Déjalo que se vaya.
Y dije, tiene razón. Si es tuyo, volverá.
Y yo dije, claro. Y no le...
Lloré todo lo que tuve que llorar ahí en el baño. Sin marcarle, sin nada.
Sin hablarle ni nada, ni decirle regresa otra vez como antes lo hacía. Y se fue, y me arreglé, y me fui a mi junta.
¿de tu aniversario? De mi aniversario.
Y yo así, con bien harta locura. Y ya después se fue y ya.
¿no lo volviste a ver? Sí, lo seguí viendo.
¿sí? Pero él no tiene la culpa, güey.
O sea, una es por pendeja por entregar todo. Exactamente.
No, y porque uno anda en relaciones cuando uno no está listo. Las carencias, güey.
Mis carencias afectivas que alimenté muchos años de amor, de cariño, de atención. Que siempre las llené con drogas, alcohol, malas compañías, malas actitudes.
Entonces, pues, güey, se fue y ya. Después me vengué.
¿qué hiciste? Ay, amiga, me fui con bien hartos viejos y me eché muchos viejos guapos.
Europeos en todos lados. Y dije, ay, cuando me vuelvan a terminar, me voy a ir a hacer lo mismo.
No sé si es tan cierto. Independientemente de eso, sí viví un proceso fuerte, güey.
Porque imagínate, llegar a mi casa, tener todo. Y es lo que me decía mi padrino.
Tienes todo. Tienes trabajo, gracias a dios, te va bien.
Tienes una casa donde llegar, un techo donde dormir. ¿en qué moverte?
La gente te quiere, güey. La gente te quiere, güey.
Llegas a tu casa y lo extrañas. Quieres que esté contigo.
Ya no está aquella persona que te sea compañía. Y aparte una, yo en un personal te digo, yo siempre crecí con el prejuicio de, porque soy gay, voy a quedarme sola toda la vida.