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Esto de las tortitas. Ay, sí.
Qué chingón. Sí, tenemos un montón de lácteos, entonces eso es un buen...
Esta que le inteligió a la receta. Que me decía cómo se hacen y yo...
Yo pensé que... Yo estaba seguro que tú sabías.
Pues más o menos le dije, pero yo la... Pues es que en mi caso las hace lupita y medio veo, pero no sabía si la papa era en cuadritos o en puré.
No, en puré. Es un puré para que se pegue.
Y voy a abrir. Y luego se tiene que pasar por huevo y todo un pedo.
Y le digo, güey, no te creas que soy chef. Hay cosas que yo nunca he hecho.
¿y se podría no empanizar? Sí, se puede.
Sí se puede freír una torta. ¿puedo hacer la prueba con una?
Sí, con el puro huevo le echas al sartén. Qué chido.
Qué chido. Dexter.
¿dexter? ¿no?
¿dextler? Estaba el del...
El beatle, el que diga, el del volkswagen. Estaba dexter, está el...
El de monster. Ah, el de jeffrey.
Otro loco. Pinche gente.
¿el que su mamá lo torturaba que era muy cristiana? ¿es ese?
No, ese fue el papá de todos estos que eran admiradores de este cuate y... Ah.
Le escribían cartas y él estaba muy arrepentido. Ese fue el que disecó a la mamá y la tenía ahí y se ponía...
¿cómo que disecó a la mamá? Ese en la que se basaron en la película de...
Ay, qué fuerte. Ay, ¿cómo se llama esta película?
Antigua, de los 60, con anthony hopkins. Sí, sí, sí, el de los inocentes.
Ese era su discípulo, ¿no? No, no, no, entonces el otro, anthony perkins.
Ah, no sé cuál. Ay, la secuencia más...
La secuencia más larga y con mayores ediciones. Pero la del silencio de los inocentes también es...
Es donde lo... No, pero esta es anterior y de ese te estoy hablando y aparece en la...
Vete a monster, la serie de monster. Ok, no, no le...
Aparecen todos sus fans que son toda esta bola de locos. Ay, qué horror.
Y le mandaban cartas para ver cómo... A la cárcel.
Qué horror. Y sí lo metieron a la silla eléctrica, pero muchos años después y se volvió cristiano y...
Ay. Todo un pedo, pero él sí tenía un pedo.
Sí, claro. Y los otros fueron, pues, mucho imitador, mucho...
Mucho seguidor. Mucho pendejo.
A ver, esta... Uy, que no hablen de...
De series de enfermos. Ahorita los van a...
Los van a regañar. Tú y yo somos como...
Viejitas chismosas, qué horror. Desde acá estamos, va, metidas en todo.
En todo, güey. Fíjate, amiga, que...
Pues es que nos abandonan. Esos vecinos...
Se salen de la cocina y nos dejan solas, pues, ¿qué quieres que haga una? Nos gusta venirnos a cocinar, más bien, pero...
Ay, qué bueno, güey. Sí.
Ay, pero este... Es que si quieren...
Ahorita querían ayudar, pero yo... Tú saca la basura, tú limpia los platos y todo esto.
Este quedó muy pegajoso. Esta bolita, híjole.
Yo cuando estoy haciendo un guisado, no soporto que nadie meta la mano. No me gusta.
A ver. Me pueden ayudar a picar cosas, pero que metan la mano en mi sazón, uff.
Uf, uf, uf, uf. No sabes cómo le fue a luis una vez, mal.
¿ah, sí? Y nada más porque era luis, nada más me puse roja, roja, roja.
Pero luis, ¿tu pareja? Mi pareja, güey.
Me estaba aprendiendo a conocer todavía. Y entonces quedé de invitar a pinky.
Pinky solo come pescado. Ok.
Y entonces decidí hacerle un pescado a la veracruzana, pero yo lo hago bien complicadito. Hasta vino blanco le pongo.
Ay, qué rico. Y entonces estaba mi pescado en el punto y le digo, vete por unas, vete por unas aceitunas.
Y ahí va luis por las aceitunas. Y lo acababa de probar y estaba exquisito mi pescado.
Y en eso veo entrar todo el vinagre de las aceitunas sobre mi olla. Uy.
Y te pusiste como león. Me puse roja, no, no le dije nada, no le dije nada.
Eso fue lo peor, me vio tan emputada que se espantó. Y le dije, en tu vida.
Metas manos en mis guisados. Agarré con el, con el cucharón y saqué lo más que pude.
Y me dice, pero sí le di un sabor. Y yo, cállate.
Cállate. Y sí, sí quedó rico, pero pues hubo que componerlo.
Me puse, güey. Yo, luego me traje uno, un mandil de disney.
Y amparito ya lo había agarrado de diario. No.
No. Dije, ese mandil.
Yo tengo uno de toy story. Es mío.
No lo puedes tocar. Es solo para que la señora cocine, no tú.
Tú tienes 18 mandiles. Este es mío.
Porque se veía. Este me lo traje de souvenir.
Es un souvenir. Que porque se veía cinturada, no la pinche amparo le gustaba.
Ah, ahora resulta. Porque se veía cinturada.
Este. Y se le hizo fácil.
Y se lo di que dos, tres veces hasta que un día le armé un pedo por mi mandil. Ahí estoy a lo lavo, o sea, ahí está pegado.
Sí. Espérame, vamos a dejar de bajarlo.
No es que iba a ver si lo rescataba, pero no, hombre. Le armé un pedote por mi mandil al amparo.
Pero pedote, güey. Porque no me entendía y le valía madres hasta que un día me agarró en mi cinco, le llegué y la vi con mi mandil y le armé un pedote.
Porque pues si yo soy la patrona y estoy diciendo que no lo toques. Claro.
Y entonces ya amparito nada más se rió. Porque dijo, no la conoce.
Cuando está cocinando nadie se puede hacer. ¿sabes qué?
Lo voy a poner mejor. ¿qué vas a poner?
En el bote, porque si esto a alguien se le cae. Ah, sí, sí, sí.
Pensé que lo del plato y yo no mames. No, no, no, no, no.
No esto. Si no me puse como, como leona.
Como leona. Otra vez cada que viene lisa quiere estroganos.
Y amparito la ama como si fuera su hija. Entonces yo voy, compro las cajas de estroganos.
Y vengo llegando de trabajar y amparito ya lo hizo. Pero lo hace mal.
No lo sabe hacer. Úchala.
Otro viaje de lisa. Y la vuelve a hacer.
¿cómo? ¿compraste otro?
A la tercera otra vez me volvió, volvió a hacer el estroganos. Pero ella lo encrema, no sabe hacerlo.
No sabe flamear, no lo sabe hacer. Y aparte es el guisado que mamá le hace a elisa.
Ok. Yo soy bien territorial, cabrona.
Pobrecita, sí le dije. En tu vida, yo sé que la amas, pero es mi hija, no tuya.
Y si yo te pido para el estroganos, no vuelves a cocinar el estroganos, en tu vida, hazle mole. Ya acabo de apagar las papas, ya deben de estar.
Le dije, hazle mole. ¿hazle mole o qué?
No, le estoy contando. Hazle lo que tú quieras, que sabes que me encanta.
Pero no mi guisado. Pero no se te vuelva a ocurrir tocar mi filete y mis cosas que yo le compro para recibir a mi hija con un estroganos.
En tu vida, a mi muchacha. Porque yo compraba todo y amparito por entusiasta y lo mal hacía.
Y era mi sorpresa. Era mi sorpresa para mi hija.
Hasta que un día le armé un pedote y ya, no lo volví a hacer. Pobre amparito.
No, güey, no. Pues si yo estoy comprando para hacerle un guisado a mi hija, ni lo sabes hacer.
Y es mi manera de consentir a mi hija. Que no te metas.
No tienes por qué tocarlo, y si ya se te dijo. Ah, si ya se te dijo, ya no te vas a tocar.
Tres veces. Tres veces.
Hasta que un día ardió troya. Pero luego esas señoras que llevan mucho tiempo y cocinan.
Pues sí, pero no. Sí.
Ah, sí, o sea, está lleno de aparatos modernos y amparito dice... No los uso.
Y yo, bueno, no me meto tanto, pero cuando yo quiero usar mis aparatos los quiero a la mano. Lo demás no hay perro.
Claro. Pero me hace luego lo mismo también con los adornos.
Se le hace que es demasiado para sacudir y de repente encuentras los adornos metidos abajo. Oye, ernesto, ¿sí nos ayudarías con las papas?
Mira, estas son las que ya estaban afuera. Estas, pues partirlas.
¿puedo? Sí, échala, échala.
Sí, a mí me gusta sentir que mi casa es mía. Una cosa es que no esté muchas horas y otra cosa es que no sea mi casa.
Porque te digo, de repente, un día les va a quedar mucho para sacudir. ¿cómo las van a querer?
En cuadritos y luego las vamos a condimentar como en sartén. Unas con mantequilla y otras sin mantequilla.
Cuadritos. Con pimienta y...
Estas están muy calientes, eh, cuida. O eriquita que me cambia todo el lugar.
¿puedo echar esta agua caliente? Sí.