
La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Pero si fuera parte de un equipo, quisiera ser de los que siempre están alivianados, güey. Claro, sí.
No quiero estar con, no, es que tú me diste puntos, y es que no, es que no mames. O sea, siento que tiene que ver de todo en la viña del señor, ¿no?
Claro, eso te iba a decir. Tiene que ver de todo, y no estoy en contra de, pero sigo pensando que aquí decimos en méxico, el que se agüita, pierde.
Sí, total. Es cómo lo tomes, güey.
¿sí? Sí.
Yo siento que en la vida, vinimos a batallar. Llegamos aquí, a una etapa hermosa, que es la niñez, tu familia, tus hermanos, la madre, esto y lo otro.
Sí. Y de repente te va a llegar el primer chingazo.
¿a qué edad? No lo sé.
Pero te va a llegar un divorcio, una enfermedad, perdiste a tu papá, perdiste a tu mamá, perdiste a un hermano, te lastimaste, te fracturaste, perdiste algo, lo que sea. Sí.
Pero desde ahí, desde ese momento, se empieza a forjar una persona a base de chingazos. A todos nos ha tocado tirar chingazos y aguantar chingazos.
A todos, a todos absolutamente. Enfermedades, divorcios, pérdidas, cabronas, todo el rollo.
Pero yo creo que el secreto está en cómo lo tomes, porque si te victimizas y empiezas a dar, si empiezas a darle toda tu energía a ese sufrimiento, no vas a salir del hoyo nunca, nunca, nunca jamás. Entonces, te caíste, te cayó una bronca, todo, y no te pongas a decir, pero ¿por qué a mí?
Si yo soy bueno, ¿no? Es para todos, güey, es para todos, eso es para todos, güey.
A cada uno le toca en algún momento. En algún momento, cada quien trae cargando un moral.
Sí, sí, sí. ¿entiendes?
Sí, obvio. Exactamente lo mismo en este juego.
Sí. Sí, es una analogía de la vida todo el tiempo.
Te dieron puntos, estás nominado, todo el pedo. Oye, pues no me voy a poner, yo no me voy a poner a llorar, güey.
Yo no, ¿sí o no? Nunca me puse mal por una nominación.
Sí por cuando estábamos el domingo, en el momento más visto y todo, y digo, guau, después de todo ese... Muy rudo.
Esa cosa de, sean malos, ¿no? O sea, como sean interesantes a través de la competencia, del sobrevivir.
Y cuando recibí ese primer bala, la verdad que me pasó en la trampa que vos dijiste recién, como que me lo tomé mal, pero no tanto era con la persona que lo está diciendo, sí me dolió más con ese, después entendí que me había pasado con ese, que dije, claramente me mareé en lo que yo hoy, a mi edad, creo que si me gusta a alguien, me gustaría que sea así, ¿entendés? Que me defienda, ponele.
Pero claro, no es la responsabilidad de un ese que me conoce hace cuatro semanas, ¿entendés? Claro.
Pero sí, me dolió en ese lugar de mujer, de decir como, guau, yo pensé que me quería como yo lo quiero, digamos, ¿no? Que no hay un querer que está bien, sino como que yo diría, ¿qué te pasa, entendés?
Volteando a los papeles, si el ataque hubiera sido para el ese, ¿tú hubieras reaccionado de otra manera? Sí, obvio, sí.
No digo que sea, que yo soy la más perfecta en nada, sino que soy muy pasional y como que me pasaría eso, como... Y, y también, algo que yo tengo que laburar mucho, trabajar, sería, ¿no?
Es el reconocimiento propio, porque a mí me gusta mucho saber reconocer las características de otra persona y me creo buena en eso. Enseguida te puedo decir que ese me encanta por ser chistoso, por ser tierno, por ser súper, como servicial con sus, con sus amigos, con sus amores, por con ese súper poder de poder levantarte con una mirada, todo, pero por ahí me, me cuesta más conmigo, ¿entendés?
Entonces, ahí no me tenía que defender otra persona, me tenía que defender yo, pero la angustia de que alguien que quiero no me defienda me, me consumió tanto y el querer que el programa se iba a empezar a tratar de quién tira más mierda en los momentos de pico de rating, que yo dije, realmente, ¿para qué estoy acá si me hago mal en el amor y me hago mal en el trabajo, entendés? Entonces, como, yo sola me maté por decir, como, mi mente lo que hace, que por eso, ¿viste?
Hay que, en boxeo te aprendés mucho a descubrir a la mente, porque a veces estás en el ring y decís, tipo, uy, no, me dieron una, una en el hígado, me van a tener que operar, me va a funcionar mal el hígado para siempre, después decís, no, mentira, yo puedo, ¿entendés? Y volvés al ring y la rompés.
Y acá lo mismo, mi mente lo que hace es como diciendo, no, está bien, yo prefiero una vida más tranquila, ¿entendés? Conocer un amor que me quiera, que no sea público, estar en un programa que sea menos visto, pero que no, no se trate de quién tiene la bala más fuerte de caca.
Y en ese momento me agarró una gana muy, muy grande de irme. Y como vos decís, si bien yo eso la próxima lo puedo tomar mejor, porque, por ejemplo, a mí nunca me agüitó que me nominen, porque de alguna forma es como que el eje es nominarse, ¿entendés?
Entonces, es lo, lo más, lo, lo que más te avisan, que vas a quedar nominado y que vas a tener que nominar. Ajá.
Eh, pero sí me mató eso que te digo. Y siento como que mi mente, la trampa que me hace es siendo como, bueno, tranquila, no, no lo necesitas, vámonos, vámonos a un lugar tranquilo.
Como que siempre me, me hace ese switch, como que si pudiese, tuviera una vida hippie que no tuviera que ver con la fama ni con la plata, pero a la vez mi psicóloga me diría, te estás polarizando porque no podés, entonces decir, bueno, voy a luchar por esto, el otro y a la vez, de repente, querer la vida más hippie del mundo en una playita y que nadie te conozca. Entonces, bueno, vas descubriendo tus, tus patrones y tus cosas y después también lo que me hace bien es decir, me dijeron y me hizo muy bien, como que toda tu vida la vivís a través de una exigencia, o sea, yo me siento, ¿vos constelaste alguna vez?
Sí. ¿sí?
Bueno, yo constelé mi exigencia una vez, ¿no? Entonces, era un ejercicio que yo ponía la exigencia ahí y le hablaba, le decía, no, me hace, me hace sentir siempre insuficiente, que todo me falla.
Que no, no, no, nunca llego a ser la que quiero ser, y bueno, yo le hablaba de la exigencia. Después me siento en esa misma silla, soy la exigencia y le contesto a flor lo que le dijo flor.
Y la exigencia me decía, está bien, yo a veces me paso, pero todo lo que tenés es por mí. Vos lograste salir de tu clase social gracias a mí, tenés una casita gracias a mí, tenés un nombre gracias a mí, te sentís talentosa gracias a mí, entonces tampoco soy el enemigo, ¿entendés?
Entonces, yo tengo una relación con mi exigencia, a veces tóxica, a veces, a veces es la mejor amiga de mi vida y a veces es mi enemiga, ¿entendés? Y lo lindo de acá, es que acá no gana el más exigente, acá no sirve la exigencia.
O sea, fue un recreo para decir, ese superpoder que me hizo lograr otras cosas, que sirvió para otras cosas, acá no sirve. Entonces, no, vengas a molestarme.
Porque no... Ni sirve para mí, ni sirve para mis vínculos, porque yo no puedo decir, ah, entonces yair no es mi amigo, porque yair cuando yo estaba mal no apareció, no, no, porque no puede haber exigencia de vínculos acá, ¿viste?
No puede haber exigencia de vínculos, me encanta. No, porque yo también lo que descubrí es que inconscientemente, no lo hacía a propósito, comparaba el valor de una amistad afuera, que por ahí tiene años de construcción, momentos, con una amistad que se está armando acá, y cuando te defrauda te pones re triste, porque decís, ay, pero para mí, fulano era re importante, y si yo daría todo esto por fulano...
Y bueno, tal vez vos no sos tan importante para fulano, pero también es tu responsabilidad. Claro.
Pero... Nada es comparable.
Nada es comparable. Aquí adentro con afuera, nada es comparable.
Nada es comparable. Nada.
Absolutamente. Sí.
Sería un error caer en eso, o sea, podemos caer... Sí.
Pero es un error. Sí.
Porque justo, o sea, no puedes comparar la relación que tienes ahorita con ese con... Con nadie, claro, no.
O sea, imposible. Sí.
¿no? Pero tu mente hace eso todo el tiempo inconsciente.
Tu mente te quiere jugar eso, claro, totalmente.