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Estar en un proyecto, eso sin duda, levantarme bien temprano, que me cogí bien gordo, levantarme temprano. Prefiero no comer, para que me entiendan, que levantarme temprano.
Pero cuando estoy en un proyecto y me tengo que levantar a las seis, les juro que mi mentalidad cambia y lo disfruta. Disfruto levantarme y digo, no mames, estoy viva, estoy trabajando en lo que más me gusta en la vida, lo que siempre soñé.
Como, ¿por qué voy a estar de malas? No sé, me ha servido mucho pensar así.
Estoy hablando de situaciones que no me gustan, que he aprendido a disfrutar. ¿no?
Como cuando pierdes un vuelo, que hoy, ¿cómo cala perder un vuelo? Porque, pues, pierdes dinero, cruzaste toda la ciudad para llegar al aeropuerto, tienes ahí esperando, bla, bla, bla, bla, bla.
Antes perdía un vuelo. Y, no mames, perdí un vuelo, qué pedo, como si se fuera a acabar el mundo, o sea, un pedón.
Ahorita pierdo un vuelo y digo, güey, ¿por algo lo perdí? Ahorita a ver cómo le hago.
Lo único que me cala, pues, es que a veces sí te lo vuelven a dar en el vuelo que sigue, pero a veces lo tienes que volver a comprar. No me pasa muy seguido, pero a todos nos ha pasado alguna vez en la vida.
Y digo, güey, voy a disfrutar el aeropuerto, voy a ir a comer, como en un lugar de sushi que me encanta, que está dentro del aeropuerto. O unos taquitos, o me meto al este donde venden todo más barato, y ando viendo perfume por perfume, pintura por pintura, hasta que se pasan las dos horas o tres que tengo que estar ahí, y ya me trepo al siguiente vuelo y me voy.
O sea, pero antes me hubiera regañado, me hubiera dicho que por qué no salí con tiempo, que soy una pendeja, que estoy gastando otra vez. Y ahorita digo, güey, eso es lo...
Estoy de menos, güey. Estoy sana, estoy viva, respiro, me puedo mantener por mí misma, trabajo en lo más bonito del mundo, en lo que yo quería decir que trabajaba de niña.
O sea, pocas cosas me llegan como a hacer encabronar. No llevo una vida como apresurada, no llevo...
Intento no llevar mi vida como... Esto a las siete, esto a las ocho.
Igual estoy mal, no sé. Hay meses en los que sí tiene que ser mi vida un poco más ordenada, porque estoy en proyecto y no me puedo desvelar, me tengo que levantar temprano, tengo que entrenar a huevo, tengo que estudiar mis escenas, tengo que leer.
Hay meses que son así, ¿no? Y luego...
Vienen los meses en los que uno no está trabajando, que uno nada más está haciendo castings, que puedes ir a entrenar con más calma, que puedes viajar un poquito, que puedes ir a ver a tu familia, a donde estén. Yo tengo familia en houston, tengo familia en bronzeville, en mcallen, en vallehermoso, una tía, o sea, en san antonio.
Entonces, la verdad, es algo que he aprendido con él. En el paso de los años y de todo lo que me ha pasado, que hay gente que se estresa por completar todo lo que tiene que hacer en un día que dura 12 horas, porque es en el día, ¿no?
, cuando uno puede hacer todas las cosas. Y si no las completa, puta, ya estuvo de la chingada el día, y se estresan y mientan madres, y el tráfico, y ya.
Y a veces hay días que yo no hago nada. Hay días que yo no hago absolutamente nada.
Y lo practiqué con mi psicóloga y le dije, oye, a veces, no siempre, siempre hay que ir al banco, siempre hay que ir a comprar comida, siempre hay que ir a comprar que se ya se acabó el para limpiar, siempre hay que, siempre tengo algo que hacer, o una marca me invitó a algún lado, o cuando estoy, estoy hablando de cuando no tengo proyecto, a veces hay días que me levanto como hoy, me quedo en mi casa, juego con mi gato, voy al mercadito, compro dos jitomates, una cebolla, tres chiles, porque yo no compro mucha verdura porque luego se me echa a perder, y luego me ando sintiendo bien mal, porque la única que como en mi casa soy yo sola. Obviamente, siempre tengo comida para cuando va alguien a visitarme, amigas o así, ¿no?
, porque en mi casa siempre hay alguien, incluso en mi casa yo llego y a veces hay gente, porque ya se sabe la clave. Entonces voy al supercito, regreso, me baño, me pongo a ver una serie, a veces voy al gym si quiero, a veces no voy al gym.
Y ya se hicieron las 6 de la tarde, las 7, y me baño y me acuesto. A lo mejor hablo con alguna amiga que viva en monterrey, con la pingüin me aviento llamadas de una hora, hora y media, con gaby me aviento llamadas de dos horas, este, facetime, hablo con mi abuela también, mi abuela es mínimo una hora, porque no hablamos todos los días, entonces ya se me fue el día y le digo a mi psicóloga, está mal, o sea, debo todos los días de tener actividades, debo todos los días de tener que salir de mi casa, de tener que ir y me dice, cero, cero.
Pero me dijo, gemma, los días en los que no tengas nada que hacer, disfrútalos. Eso, por ejemplo, mis amigas que tienen hijos me dicen, no mames, qué envidia que te vas levantando, no mames, qué envidia que no tienes nada que hacer, ¿no?
Y digo yo, bueno, tú también, o sea, unas por otras, ¿verdad? Pero sí disfruto mis días en los que no hago nada y son maravillosos.
Y mi terapeuta me dijo que... Estaba perfecto, obviamente no pueden ser así, ¿verdad?
Cuatro días seguidos ya es una depresión, pero un día al mes me aviento así, yo creo, que estoy así, en mi cama. Y los he aprendido a disfrutar mucho, a veces ni contesto el teléfono, a veces lo pongo en modo avión, también se siente padre no tener responsabilidades más allá de ti.