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Yo cuando estaba con kalimba ahí estábamos cargados del lado izquierdo del escenario en la grada, sentados en la grada y está la mampara ¿no? Del escenario para que no se vea y veo que están platicando benny, eric y diego y están platicando ¿no?
Y entonces kalimba y yo estábamos en la discusión, en plena escena, en plena escena, no que sí, que no sé qué y le dimos el cue para que entrara diego y no entraba y yo lo veía que estaba así recargado platicando, no, sí, la chingada y kalimba y yo nos volteamos a ver y decíamos, este cabrón no entra güey y luego, no, sí, fíjate que sí güey y luego, ¿a poco sí? Y yo, ¿a poco sí?
Y yo, no, pues sí güey, fíjate. ¿a poco sí?
Ah, no mames. Y diego, con eric y con benny recargado, él lo decía, ¿qué están diciendo estos pendejos?
Porque nosotros, ya no teníamos texto güey. Claro, ya se había acabado el cue.
Y le cae el 20 y dice, no mames, voy yo güey. Y entra el güey, entra el güey.
Creo que tres horas después. Así es.
Y dice, ya no soy un rebelde sin causa, todo tronado güey. Vienes muy cagado güey.
No mames, diego, diego te quiero, diego schoening, te quiero un chingo papi. Sí.
Eres un crack cabrón. Le damos saludos.
No, no, un abrazote a mi diego. Güey, cabrón, pinche diego, está bien cagado.
Sí güey. Y luego güey, una vez, buenísima esta güey, buenísima güey.
Una vez. Una vez.
Hacíamos un musical muy cabrón, que era el rayo rebelde. Ah, sí, sí, sí, sí.
El rayo rebelde, el carro. Cansadísimo, pero además, o sea, de coreografía super pro.
Muy cabrón, ¿no? El carro.
Y entonces, era un carro, pues lo viste, ¿no? Era, o sea, un cascarón antiguo de un carro montado en un carrito de golf.
Ese era el secreto del rayo rebelde. Ah, ok.
Mucha gente no lo veía. Rayo rebelde en el teatro que hacíamos nosotros.
Sí. Entraba y salía y se, se manejaba.
Atención, por favor, requiero que todos se alisten, se preparen, no quiero ver a nadie con pijama. Estamos en los momentos de comenzar las actividades del día.
Por favor, todos prevenidos. Güey, y resulta que hicimos el rebelde.
¿cómo es, cómo es la rola? Este...
Rayo rebelde más que nadie, más que nadie. Rebelde, soy rebelde.
Rebelde, soy rebelde. Bueno, el acomodo era que nos subíamos el carro para que lo montaran.
Lo subían todos, ¿no? Ajá, que lo hicieran bien cabrón el carro, ¿no?
Es cuando era una charanga y lo convierten en un pinche carro bien perro. Ajá.
Bueno, tenía imanes, entonces llegaban y le ponían las piezas. Ah.
Trac, y se veía bien cabrón. Estábamos, el acomodo era erick, yo en medio, atrás, y kalimba.
Ajá. Erick, yo en medio, y kalimba.
Y enfrente, diego y beni, enfrente del carro. Resulta que estábamos en rebelde, rebelde, con las chamarras acá rebeldonas.
Güey, cuando tiene que arrancar el carro, se baja beni. No, beni se va enfrente con diego.
Se brinca kalimba, yo tenía que brincar erick, y luego tenía que brincar yo. Y nos quedamos entrampados erick y yo con las chamarras de rebelde, güey.
No. Y nos teníamos que bajar.
A huevo. A huevo, uno por cada lado, güey.
Y estaba el carro a punto de arrancar, porque diego aparte tenía que arrancar. Güey, o sea, no nos podíamos destrabar, nosotros.
Y nosotros, espérate diego, aguanta güey, espérate, espérate. Y estábamos aquí atrabados.
Y arranca el carro, o sea, no nos pudimos bajar. Se fueron con todo el carro.
Pero nos fuimos para atrás, güey. O sea, es convertible.
Entonces, nos fuimos para atrás. Cuando arranca diego, y me agarra de la chamarra erick a mí, y yo a él, los dos, como pudimos, y nos enderezamos.
Y todavía llega diego, sin saber que vamos atrás. Y frena.
Y todos para enfrente, y caímos encima de él, güey. Atrás a la madrazote, güey, un madrazote bien cabrón.
Ay, ay, ay, ay. Y todos, güey, qué pedo, qué pasó.
Güey, se trabaron las chamarras, güey. Los seguros de la chamarra.
O sea, en escena, si hubiéramos querido que mi, mi hebilla entrara en la hebilla de él. Claro, no hubiera sucedido.
No lo logramos. No, no, a mí me ha pasado que me ponga algún accesorio que no he probado con un vestuario.
Y se me enreda en la tachuela de la falda. O del, te quedas así de, ¿no?
Totalmente, güey. O sea, que tu chamarra se enrede con la chamarra de eric.
¿qué probabilidades tiene? Rarísimo, rarísimo, rarísimo.
Muy cabrón, güey. Buena anécdota esa.
Sí, esa está buena. Buena anécdota.
No, sí, pasaron varias muy buenas. Sí, es que en tantas funciones, claro que pasan cosas.
No, muy cabrón. Tengo que contar esta, que un compañero mío que no tomaba, que no toma, de hecho, no toma.
Dejó de tomar y todo el rollo durante mucho tiempo y todo. Ajá.
O sea, andábamos de gira y tenía que darle los latigazos a jesús en jesucristo superestrella. Ok.
Entonces, el vato, pues, no toma, pues. Es un cantante famoso.
Y tenía que darle los latigazos a jesús y no toma. Entonces, con nosotros en jesucristo estaba enrique guzmán.
Y enrique era un diablo. Es un diablo, güey.
Sí, sí, sí. Enrique es un diablo.
Es sabido en el medio. Es un diablo, güey.
Entonces, yo antes de empezar iba con él y le robaba coñac, un traguito de coñac. Para que se te abriera la garganta.
Pues, para vacilar con él y me gustaba sacarle show y mentarnos la madre. Sí.
Sí, me llevó muy pesado. Lo hace espectacular.
Yo vi cuando estaba enrique guzmán. Ah, ¿lo viste?
Sí. Increíble.
No, enrique. Un abrazo de enrique.
Lo vi con, pues, cuando estaba la josa. Ah, claro.
Que me tocó el gas. Que también lo hizo espectacular.
Sí, sí, sí. Es ahí.
Después lo vi. Güey, pues, resulta.
Estamos en el basile y entra este vato. No, pues, estamos platicando y la chingada y no sé qué.
Y ja, ja, ja. Y show y la madre.
Y tómate uno, enrique. Aferrado.
No, no tomo. Ándale, güey.
Tómate uno, güey. Ándale, güey.
¿por qué somos así los mexicanos? Ya sabes, ¿no?
Y como estaba muy buena la shorsha, pues, este vato dijo, va, chingueso, man. Ya, pues, estábamos terminando la gira.
Creo que era torreón. Estábamos terminando la temporada, la gira, todo el rollo.
Sabes, pues, va. Y resulta que estuvimos ahí un ratito más y entró al escenario pedo, güey.
Sí. Con dos traguitos.
Chingueso. Pues, no pedo, pero tomadon, ¿no?
Sí, pues, claro. O sea, le sacudió a alguien que dejó de tomar.
Y anda y ve, pues, eran, no me acuerdo la cantidad de latigazos, ¿no? , que tenían que hacer.
Y se le fue el número. Pero en pleno, en pleno, en pleno conteo, se le borró el tape y empezó a decir trece, diecisiete, veinticuatro, treinta y dos.
Teníamos un curón ahí atrás. Muy cabrón.
Una buena negra. Ustedes salieron riéndose en lugar de ayudarlos.
Sí, claro. No había manera, güey.
No había manera. Estaba jesucristo encargado y él dándole.
Diecisiete, veinticuatro. No, no mames, güey.
No mames. No, no, no.