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Por eso me dicen, ¿en qué eres especial? Y yo considero que soy muy especial con el sueño.
Yo también. De verdad, el sueño para mí es un pasillo para funcionar.
O sea, prefiero, mil veces me invitan a cenas, a lugares, y les digo perdón, pero no. Porque, o sea, menos que sea el festejo de algún amigo o algo así, pero sí es nada más como salir a cenar y ir cero, cero, y entrera, cero, cero.
Yo también, yo soy ya una viejita, güey. Yo también, una señora, una doña.
O sea, una doña, me encanta mi casa, mi espacio, y a las siete y media de la noche casi, casi off. Eso es.
¿tú qué? O sea, a mí me encanta ver películas.
Ah, yo también, sí, claro. Te digo que siete y media de la noche ya mi amiga, mi amiga, que si me estás viendo, te amo, te extraño.
Y estar como que con ropita así como... Mi amiga ya me dice, ya estás en pijamada, yo ya estoy en la cama.
O sea, ya estoy en pijamada, en mi cama, viendo qué película o con qué serie voy a empezar. Y ya nueve, nueve y media de la noche máximo, yo ya estoy.
Yo soy cero fiestas, cero, cero. Pero eso es como otra etapa, o sea, pasas de etapa en etapa, entonces ya disfrutas otras cosas.
Exacto, o sea, me gusta, por ejemplo, a veces si me enfiesto con mis amigos, no te digo que me la paso mal, porque, pero pasa muy ocasionalmente. Exacto.
Entonces, me desato, o sea, así digo, me puedo quedar... Como anoche.
Como anoche, así de, wow, saco todo, y ya digo, hasta que vuelva a pasar, o así. Tres meses.
Próximo viernes, si estamos acá. Si estamos acá.
Pero no, por lo general, en mi día a día, híjole, o sea, puede, y no sé, muchas amigas me dicen, neta, jimena, llevas dos meses o tres meses sin salir, y yo, o sea, sí que me acuesto a las siete y media, ocho de la noche, te lo juro. O sea, de no salir a cenar, no salir, y eso me da felicidad, güey.
O sea, yo me siento la más feliz de poderme acostar temprano y poderme levantar temprano y hacerme mi jugo temprano. Me da felicidad.
Yo soy súper estructurada con todo. Yo también, con los horarios.
Por eso, esto para mí es como un súper reto de todo. La rutina.
Exacto. La rutina.
La rutina, sí. Por eso también yo lo acepté, porque dije, va a ser romper.
Yo nunca he vivido con roommate, o sea, nunca en la vida. Pero tu espacio es sagrado.
Es más, o sea, esto ya es too much, pero... Déjame, déjame.
Por eso me callaste muy bien, güey. No, no, no, parecía hacer más cosas, nada más que yo no tengo el booty, ni el only fat.
Con todos los demás, o sea, es así, somos igualitas. Igual.
Pero a mí me ha tocado de pronto de que, esto, estaba saliendo con una persona y tengo dos recámaras. Y es de que, güey, ya, a lo otro cuarto.
¿en serio? Así como, vete al otro cuarto o déjame aquí.
A mí me ha llegado a pasar que yo me iba al otro cuarto, güey. Vete al otro cuarto.
Sí, no, yo así de, perdón, estás roncando, me voy a ir al otro cuarto. Pero porque yo, no, es que no sé si puedo descansar.
Sí, yo soy mucho de mi espacio también. Y que le decía a mi mamá que, ¿cómo que lo mandaste al otro cuarto?
Y yo, sí, güey, está en el otro cuarto. Ya, y está empezando a llover.
Y empezó a chispear, empezó a chispear. Sí, yo también soy así, güey.
Pero sí, eso de mi sueño, como abuelita, güey, como abuelita, yo digo, ay, qué paz, qué felicidad, poderme dormir temprano, despertarme. O sea, ya, para que me entiendas, estoy tan, este, sincronizada con los pajaritos que hay al lado de mi casa, que empiezan a gritar, porque hacen un despapalle, y empiezo, ya.
Ya, en cenicienta, en blancanieves, y tengo un pajarito que entra a mi cocina, güey, no es broma. O sea, entran a mi cocina, y les tengo su alpiste ahí, ya están súper acostumbrados.
Estoy lavando trastes, y a las seis y media de la mañana está el pajarito, mi flofi, está comiendo al lado mío. Y me grita de la ventana, si está cerrada y tiene hambre.
¿sí? Sí, claro, son inteligentísimos, güey.
Y empieza a saltar, así, me hace. O sea, ¿vives como?
Con mucho verde. Pues, estoy enfrente de, casi, casi de chapultepec.
Entonces, hay muchos árboles de angustia. Hay muchos, güey, la naturaleza.
Es lo máximo. Sí, ¿no?
Pero eso de que, de verdad, entre, y una vez el pajarito entró a mi sala, güey, y eso lo tengo grabado. Fue impresionante, entró a mi sala, y se quedó quieto en la sala, y me dejó acariciar.
¡ay, no! Un pajarito salió.
Tengo el video, yo primero entré, yo dije, ¿esto es un mensaje? ¿esto qué es?
Porque estaba así, paradito en mi sala. Y, y me, me, me veía, y me le fui acercando, le dije, ay, ¿qué pasó?
Te metiste hasta acá, cuando yo puse el cabezo por error. O sea, y estaba paradito ahí, como tomando el sol, y me lo empecé a acercar, y, y dije, lo puedo tocar.
Entonces, me lo empecé a acercar, y, güey, lo empecé a acariciar, y se quedó quieto. Entonces, lo empecé a acariciar, y yo, ¡ay!
, derretida, y dije, ¿será que lo puedo grabar? Porque no tenía el celular.
Entonces, dije, ¿será que si me voy por el celular sigue? No, ya, no.
A ver. Yo se lo tengo grabado.
No, no es cierto. Métanse a mi tiktok, está grabado.
Entonces, el pajarito en mi sala, regresé con el celular, y le dije, ay, no sé qué, y lo empecé a acariciar otra vez, y se dejó. Increíble.
O sea, son esos regalos que yo digo, ¡guau! Es que son las pequeñas cosas de la vida, ¿sabes?
Exacto. O sea, yo también como que eso es lo que más valoro y disfruto.
Exacto, para mí eso es, eso es un regalo de la vida. O sea, digo, que, que un pajarito se haya dejado acariciar y ha entrado en mi sala, y se me haya quedado ahí, y ya haciéndome compañía, no, o sea, son esas cosas que me vuelven.
Es que todo es tan temporal, todo, ¿sabes? Es como...
No, y también te das cuenta que todos somos uno, o sea, si un pajarito disfruta, que le, que le des cariño, y que se quede ahí, que deje, o sea, dices, güey, o sea, estamos, o sea, todos estamos conectados. Sí, claro, todos somos energía, todos estamos conectados.
Exacto, entonces dices, es como una demostración todavía más fuerte de que mis plantas tengo orquídeas, y de mis orquídeas nada. O sea, se caen, o sea, y se dan, y se dan.
Fíjate, a mí me, me tocó un mensaje tan hermoso de las orquídeas, a mí me encantan las orquídeas. ¿en serio?
A mí me encantan también. Pero nunca me había pasado como un, algo que me hiciera amarlas tanto.
Fui a comprar unas orquídeas hermosas, así, venían tres. ¿eso es en estados unidos?
Sí. Ok.
Tres, ¿cómo se dice? Tallos.
Tallos, hermosos, no sé qué. Pues, total, que una se quebró.
Ah. Yo estaba tan triste porque se me quebró un tallo con la rosa, yo dije, ay dios, bueno, whatever.
La mitad que quedó, pues, la puse en un, en agüita, y ahí muy bonita la florecita y todo. Pero del tallo que se quebró por completo, pues, yo pensé que ya, ya.
Las orquídeas son un ejemplo de resiliencia. No, no, no, una resiliencia, jimé.
Impresionante. Pero yo no te puedo explicar.
Yo las tengo hace años que les han llegado a estar secas. Sí, no manches.
Y de pronto les hablo, les pongo agüita. Las pongo, las cambio de lugar y empiezo otra vez.
Bueno, haz de cuenta, el tallo así, solo, de pronto empezó a salir una cosita chiquititita y yo. La raíz.
No, no, no, haz de cuenta que el tallo como un botoncito, como otro, otro tallito. Otro tallito.
Y yo, no. ¿qué?
Pero yo, o sea, nunca había visto como viví todo ese proceso. A mí me encanta, yo llevo años viendo el proceso como el botón se abre, luego se cae, y luego ya, yo les hablo y les digo, ya vienen.
Mis bebés, que son cuando ya empiezan a crecer, y se dan, o sea, mi mejor amiga me dice, güey, ¿qué les haces? Impresionante.
Y yo digo, les hablo, les agradezco, les, como que las respeto, y de verdad, solitas, tengo tres orquídeas en mi casa que llevan años, años, este, dándose, dándose. Pero yo nunca había visto que de un tallo quebrado por completo, sin una hoja, empezara a salir otro tallo.
Es una belleza. Y ese tallo me...
Me dio, creo que dos o tres orquídeas. Claro.
Y yo, ¿qué? O sea, vi como la abuelita...
Es una belleza. Es una belleza.
Realmente es una belleza.