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Si yo estoy del lado izquierdo, tú fíjate, o sea, obsérvame. Si eres observador.
No escuchas. Alguien que está a mi lado izquierdo no existe para mí.
Sí, de acuerdo. No volteo.
Siempre trato de quedar en las orillas, en las mesas, por eso. O sea, que me quede del lado que no oigo de una orilla.
Ah, para que no te quede alguien al lado. Para que no me quede alguien.
Si voy a una boda de alguien que conozco, siempre hablo y aviso de que, ay, please, si son mesas cuadradas, ponme en una orilla, porque al que me toca al lado no le hablo. ¿por qué no lo vas a escuchar?
Pues no le hablo. Este lado, aparte, siempre choco en la pared con este lado.
Y es el lado de tu corazón. Es el equilibrio, por eso no siento.
Pero, ¿así naciste o te...? Así nací.
Así nací. Sin la membrana y el huesecillo, el martillo, no sé qué.
¿y te tenían que operar? O sea, ¿te pudieron haber operado?
Pues sí, pero ahorita ya... Mejor unos meses.
Oye, ya te... Aparte, mi mamá, ya sabes, antes no nos llevaban al hospital porque no oigo.
Y mi mamá, te haces pendejo y es lo que te conviene. Chanclazo.
Que yo, mamá, mi mamá, hasta que me gritaba arnaldo iván, ya sabía. Y yo, ¿qué?
Mande. Y mi mamá, te haces pendejo.
Y en secundaria, cuando empecé a hablar, yo empecé a hablar con mis amigas en la tarde, que me cansaba y me cambiaba el teléfono. No oía.
Y yo, mamá, no oigo. Y mi mamá...
Hasta que un día era muy nerdo. ¿no?
Y como... Me sentaba hasta atrás porque siempre fui de los altos.
Una maestra dijo que, aldo, tienes tres faltas, no presentes examen. Y yo, ¿cómo?
Si siempre vengo. ¿y cuáles faltas?
Pues no oía cuando me decían mi nombre en la lista. Ah, claro, güey.
No decías presente. No decía presente.
Y entonces llegué a mi casa llorando como loca. Y mi mamá...
Y me llevaron al otorrinolingólogo. ¡oh!
¡oh! Y, güey, ya te meten en la cabina y te ponen el...
Ah, simón, simón. ¡tá, tá, tá, tá!
Sí, yo me acabo de hacer eso. Para ver cuándo escuchas.
Y yo, primero este, ¿no? Y luego este.
Y yo le decía, ya, ya. Y mi mamá, ¡no oyes!
Me decía a través de la... ¡estás sordo!
Y ya, otra vez. ¡qué cabrón!
En verano me dijeron, pues, para que pruebes el aparato. Y yo le dije a mi mamá, no me voy a poner ese aparato.
Nunca me lo puse. Pero ya...
Lo vi y le dije a mi mamá, yo no me voy a poner ese aparato. Aldo.
Pero ya hay mejores, ya hay más, ya hay más. Hay chiquititos.
Hay unos bien perros, güey. Pues sí, pues pónganselos ustedes.
Por eso a mí me vale, yo estoy feliz sin oír. Ah, de toda madre.
Y ya me acostumbré. Ya te acostumbraste tanto tiempo.
Sí, toda la vida, güey. Güey, cuando iba a los antros, ahí si en un antro no oía nada nunca, ya sabes.
Ahorita de grande los restaurantes, o sea, hay muchos que me encantan. Y no voy por la mala acústica que tienen, ya sabes.
Que digo, ay, no me duele la cabeza. Pero, cuando me hablaba gente que me caía mal o que borrachos de que me haga su tema, me ponía como para que me dijeran todo esto.
Y decía... Claro, güey.
Así te hace a ti a huevo, güey. Seguro.
Me da súper el avión, güey. Seguro, güey, seguro.
Mira, mira, si es cierto. A todo mundo.
Yo no soy todo el mundo. Ay, pobre perra.
Ay, pobre perra. Te conozco hace cuatro días.
Siete, pendejo. Bueno, siete, o sea.
Ocho. Ocho ya.
Pero sí te quiero ya. ¿sí?
Sí, sí, sí, sí. ¿y eso se lo dices a cualquiera?
Tú sabes que no. No, yo tampoco te conozco.
Y le hablo, te hablo. Es lo que pensé en mi mente, decía, pues, si no, no te hablaría.
Pero aquí les hablas a todos. Pero por cordialidad.
¿eh? ¿eh?
¿o luego te fijas que me hago como casita? A veces que me hablan de lejos, hago así, ¿qué?
Sí, sí, sí.