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Me puse, güey, yo luego me traje uno, un mandil de disney y amparito ya lo había agarrado de diario. ¡no!
Le dije, ese mandil es mío, no lo puedes tocar, es solo para que la señora cocine, no tú. Tú tienes 18 mandiles, este es mío.
Este me lo traje de souvenir, es un souvenir. Porque se veía cinturada, no la pinche amparo le gustaba.
Ah, ahora resulta. Porque se veía cinturada.
Y se le hizo fácil y se lo di que dos, tres veces hasta que un día le armé un pedo por mi mandil. Ahí estoy a lo lavo, o sea, ahí está pegado.
Sí, espérame, vamos a dejarle para abajo. No, es que iba a ver si lo rescataba, pero no, güey.
Le armé un pedote por mi mandil al amparo, pero pedote, güey. Porque no me entendía y le valía madres hasta que un día me agarró en mi cinco, le llegué y la vi con mi mandil y le armé un pedote.
Porque, pues, si yo soy la patrona y estoy diciendo que no lo toques. Claro.
Y entonces. Y amparito nada más se rió porque dijo, no la conoce, cuando está cocinando nadie se puede hacer.
¿sabes qué? Lo voy a poner mejor.
¿qué vas a poner? En el bote, porque si esto a alguien se le cae.
Ah, sí, sí, sí, pensé que lo del plato y yo no mames. No, no, no, no, no, no esto.
Sí, no, me puse como, como leona, como leona. Otra vez, cada que viene dice aquí eres trogano.
Y amparito la ama como si fuera su hija. Entonces yo voy, compro la esponja de estroganoff y vengo llegando de trabajar y amparito ya lo hizo, pero lo hace mal, no lo sabe hacer.
Oh, chala. Otro viaje de elisa y me la vuelve a hacer.
¿cómo? ¿compraste otro?
A la tercera otra vez me volvió, volvió a hacer el estroganoff, pero ella lo encrema, no sabe hacerlo, no sabe flamear, no lo sabe hacer. Ah.
Y aparte es el guisado que mamá le hace a elisa. Ok.
Yo soy bien territorial, cabrona, pobrecita, sí le dije, en tu vida, yo sé que la amas, pero es mi hija, no tuya. Y si yo te pido para el estroganoff, no vuelves a cocinar el estroganoff, en tu vida, hazle mole.
Este, ya acabo de apagar las papas, ya deben de estar. Le dije, hazle mole.
¿hazle mole o qué? No, le estoy contando.
Hazle lo que tú quieras, que sabes que me encanta. Pero no mi guisado.
Pero no se te vuelve. Te va a ocurrir tocar mi filete y mis cosas que yo le compro para recibir a mi hija con un estroganoff, en tu vida, a mi muchacha, porque yo compraba todo y amparito por entusiasta y lo mal hacía y era mi sorpresa para mi hija, hasta que un día le armé un pedote y ya, no lo volví a hacer.
Pobre amparito. No, güey, no, pues si yo estoy comprando para hacerle un guisado a mi hija, ni lo sabes hacer y es mi manera de consentir a mi hija.
Que no te metas. No tienes por qué tocarlo y si ya se te dijo.
Ah, si ya se te dijo, ya no nos va a tocar. Tres veces, tres veces, hasta que un día ardió troya.
Pero luego estas señoras que llevan mucho tiempo, dicen, mi cocina y yo hago lo mismo. Pues sí, pero no, ah, sí, o sea, está lleno de aparatos modernos y amparito dice.
No los uso. Y yo, bueno, no me meto tanto, pero cuando yo quiero usar mis aparatos, los quiero a la mano.
Lo demás no es perro. Claro.
Pero me hace luego lo mismo. También con los adornos, se le hace que es demasiado para sacudir y de repente encuentras los adornos metidos abajo.
Oye, ernesto, ¿sí nos ayudarías con las papas? Mira, estas son las que ya estaban afuera.
Estas, pues partirlas. Sí, échale, échale.
Sí, a mí me gusta sentir que mi casa es mía. Una cosa es que no esté muchas horas y otra cosa es que no sea mi casa.
Porque te digo, de repente, un día le diré por qué era mucho para sacudir. ¿pero cómo las van a querer a la mitad o cómo las van a querer?
En cuadritos y luego las vamos a condimentar como en sartén, unas con mantequilla y otras sin mantequilla, con pimienta y estas están muy calientes, eh, cuida. O eriquita, que me cambia todo el lugar.
¿puedo echar esta agua caliente? Sí.
Eriquita, desde las de hoy decido que los suéteres van en el cajón de allá. ¿quién?
Eriquita. ¿quién es eriquita?
Mi otra muchacha. Ah.
Hoy. Ah, sabes que no me habías hablado de ella.
Hoy las camisetas ya no van aquí. Ay, no me muero.
A pota, wey. No, mato a alguien.
Esta bañada. Uy, yo no encuentro a alguien.
En la mañana al salir al llamado no encuentras tu ropa, wey, no mames. Son unas santas, la neta, que me aguantan, pero también te hacen las suyas.
¿dónde? Te hacen las suyas, no te creas.
El otro día llego a la casa tomando café con la muchacha de atrás. Claro, yo así de ahí.
Hola, buenas. Y siguieron platicando.
Ardió troya. No.
Ardió troya. Sí.
Me muero. No, en mi casa eso está prohibidísimo.
Más por mis hijos pequeños. O sea, prohibido meter a absolutamente nadie.
O te digo, cuando les daba por llevarse a lisa saliendo de la escuela se les antojaba tacos de suadero. Y entonces le daban taco para que la niña no hablara.
Hasta que los caché. Y abogado, wey.
¿por qué no? Porque no me hacían caso.
Yo en eso sí soy muy estricta. Pero te digo, mi pobre luis.
Y luego total hago el estroganofi, voy a presumirle el estroganofi de amparo y le pones salsa verde y le echas salsa verde a luis. Si ubicas que va flameado con coñac.
No, pues, ella lo iba a hacer a su estilo, no al tuyo. No, no, no, se lo dio a luis.
Ya he hecho mi estroganofi flameado. Ay, no.
Y le pones salsa verde y va luis y le... Puta, le arme un pedazo.
Pobre amparo. Es que no le explicaste.
No, no. Gordita, no.
Y lupita también le echas salsa verde a todo. No.
Pues cuando algo no lleva salsa yo le digo. Cuando yo cocino no se metan con mi cocina.
Yo sí soy así. Por mí haz lo que quieras.
Además, yo cocino una vez al año y ellas siempre son las reinas de la cocina. Pues sí.
Totalmente. Casi, casi.
Mejor las vas a dormir. No, también comen estroganofi.
¿tú qué crees? Es para todos.
No, no, no. Esto se hace para todos en mi casa.
A ver, ese aceite está súper hirviendo. Ah, pues ahí voy.
Es que necesito la... Sí, necesito meter las tortitas así.
Ay, déjame poner una bata. Es que yo necesito acabar de condimentar mi salsa.
Ah, eso es lo que quiero, que hagamos la salsa. No, mi salsa, echarle el aceite, la sal.
No he terminado la salsa. Pero creo que te voy a pagar esto.
A ver. No, más bien ya pagué, yo ahorita hago las licuadoras para las salsas.
¿en un sartén o en dónde que van a querer? En este.
A ver, ahí voy. En este merengue.
¿me pasas la otra salsa que tengo allá, por favor? Claro.
Es que una lleva chile y la otra no. Que le digo que cuando yo cocino soy bien territorial.
¿por qué? Sí.
No me gusta que metan la mano. La cosa es que la cocines.
Es parte. Entonces estaba contando que llegó luis, yo estaba haciendo un pescado a la veracruz, le acababa de echar el vino y llegó con las aceitunas y vi el chorro de vinagre así sobre mí.
Ah. No, nada más porque lo amo tanto, nada más me puse roja camarón.
¿y qué le dijiste? Que en su vida volviera a meter, que me podía ayudar a picar y todo, que en su vida volviera a hacer eso, que en su vida, por favor, nunca más.
Y luis así. Que nandilito, ¿no?
Pobrecito. No, hombre, si también tiene gente.
Que es un fan de dios. No.
No. El día que se le armé de pedo porque no me mandó mensaje todo el día.
Y así, no me toques, buena onda, no te comunicaste. Y en eso veo que empieza a bajar todo el equipo de cine para mis promos.
¿para qué? Para mis promos.
Ah. Y me puso una, o sea, me echó una mirada que en la vida le vuelvo a armar un pedo.
Así te la pongo. En la vida le vuelvo a armar un pedo.
Porque es de los que le armas pedo y se harta y se va. Así.
Él no aguantaba ahora con los problemas. No le gustan.
Ah, si nos vamos conociendo el flaco y yo. Lo sé.
Apenas, ¿no? Realmente.