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Llegamos finalmente a un estudiante del primer año de medicina. Él se llamaba eduardo.
Él quería ser conocido en todo el mundo, ser como su maestro, el profesor soddy. Ese profesor también se dedicaba a experimentar.
El maestro les contó cómo en un viaje a las amazonas decidió quedarse durante varios meses para aprender unas técnicas. Técnicas eran la reducción de cabezas.
Y el doctor soddy estaba obsesionado con eso. Pasó el tiempo y eduardo se especializó en medicina.
Médico forense. Justamente porque podía tener acceso a los cadáveres.
Eduardo seguía obsesionado después de años y años con la reducción de cabezas. Si él lo pudo, tú podrás hacerlo.
Y después entraba a su pequeño laboratorio junto a su estudio. Y ahí el doctor soddy.
Guardaba algunas cabezas, algunos especímenes que le habían sido regalados por el jefe de la tribu. Y entonces eduardo decidió que no solo iba a reducir las cabezas, sino que iba a invocar al maestro para poder revivirlas.
A cambio de eso, él tenía que sacrificar a una persona de su familia. Y entonces, ¿qué hacía?
Tomó a su abuela y ya en el coche cerca de las cavernas estacionó. Y...
Y de un certero golpe, le atravesó con un puto corazón. Las plantas de sus pies empezó a sentir un...
Y subía el corazón igualmente hasta llegar a su cabeza. Y en ese momento sentía que el fuego la quemaba.
Así es que tomó el cuchillo y abrió el pecho. Y en ese momento, con mucho trabajo, ya que había tocado alguna costilla, se iba abriendo, se iba abriendo y se iba abriendo.
Pero eduardo estaba obsesionado. Se había obsesionado con rebeca y de alguna manera la iba a hacer suya.
Eduardo empezó su experimento y tomó un cadáver del amor. Le cerrenó la cabeza poco a poco.
Primero con un martillo, la deshizo todos los huesos. Y después, a través de las hendiduras de los ojos, la nariz y la boca, fue quitando poco a poco cada uno de los huesos, teniendo el cuidado de conservarles.
Logró reducir la cabeza, pero no le había quedado bien. Y...
En una señal, le dijeron que tenía que ser una persona, no un cadáver. La primera víctima fue un vagabundo, pobre.
Y de un martillo, eso en la cabeza lo asesinó. ¡no!
Lo envolvió entre plástico. Repitió el procedimiento.
Ahí tenía que realizar todas las operaciones. Había golpeado demasiado fuerte la cabeza de ese hombre.
Observar su cara destrozada. Y tomó una decisión, la elegida.
La tengo cerca en las clases. Y que empiezo a oler desde detrás.
¡eduardo! ¿qué te pasa?
Yo estoy tomando notas, no me molestes. Fuera perseguido por cien cadáveres.
Eduardo, fue rápidamente en su auto. Llegó a las afueras de la casa del departamento de rebeca.
¿quién? Soy yo.
¿eduardo? Sí, eduardo.
Eduardo payares, tu compañero. Es una emergencia.
Por favor, ábreme, rebe. No, no te puedo abrir, eduardo, porque estás ahí.
Rebe. Rebe.
Te has asaltado, rebe. Rebe, mi cabeza está sangrando.
Por favor, ábreme. Dios.
Entonces rebeca le abrió la puerta. Eduardo entró.
Y rebeca tenía la sospecha de que eduardo no tenía una buena intención. Pero eduardo no quería desfigurar la cabeza de rebeca.
Y entonces la tomó por atrás. Y de una sorpresa...
¡ah! Le cortó.
Le rompió. La envolvió en una bolsa.
Esa negra. Y de repente...
Imaginaba a todos esos cabrones que se levantaban de esas planchas frías, que tiraban al piso sus sábanas y a tocar. ¡no!
El cuello de rebeca no cedía. Su cabeza se movía poco a poco con cada uno de los ruchazos.
Cuando finalmente lo logró, llegó a la columna y empezó a colgarse de él. Tomó a rebeca, la miraba con amor.
Y rebeca puso la cabeza de rebeca. Como siempre, al lado del volante para no dejar de verla.
Iba entonces por un lugar oscuro de la ciudad. Porque para él no era solo rebeca.
Él quería seguir haciéndolo mismo a estas alturas. Ya era un vicio.
Nadie supo nunca qué pasó con eduardo. Solo encontraron su cuerpo con la cabeza cerrada.
Sin embargo, sus compañeros decían que estaba loco. Era un maniaco.
Era un amigo. Sabía mucho de medicina.
Él quería hacer lo que el profesor soddy nunca pudo hacer. Las relaciones de sus alumnos.
Payares había logrado lo que él no había hecho en su juventud y en su temprana madurez. Ese sueño del dr.
Soddy de reducir cabezas de manera perfecta. Eso hizo que un día el dr.
Soddy tomara unas herramientas. Se subió a su viejo auto y llegó a la casa de eduardo payares al abrir el refrigerador de unas favoritas.
Él iba a decir que él... Él había encontrado su cabeza y había reducido a la misma para que él tuviera fama.
Fama en la medicina mundial. Salía en todas las revistas, en todos los noticieros, en todos los periódicos.
Él tomó esa cabeza con mucho cuidado. En su pañuelo.
Ese pañuelo que todos los viejos cargan. Y lo puso en su maletín.
Se sentó en su escritorio de maestro esperando a los alumnos. En el más allá la cabeza de eduardo estaba reducida.
Reclamando. Todavía en el aula entró un cuerpo de...
Con olor a muerte. Se dio una mata satánica.
Cerraron esas cabezas juntas para toda la eternidad como hemos dicho. Cuenta la leyenda que quien pase por esa tumba va a acabar descabezado.
Esta ha sido la hora sin. La hora macabra de la casa de los famosos.
No mames. Yo decía que ahora la va a cortar este.