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Dile la verdad, ernesto. Sí, muy bonito.
Yo quiero ir este año. Oigan, me acordé ahorita cuando mi papá estudió medicina, que se fue a hacer su servicio social a santiago tangamandapio, michoacán.
Tangamandapio, pues sí, sí existe. Claro que existe.
Un día iba... Son nombres purépechas.
Son nombres purépechas. Un día iba chespirito por ahí de gira y le dice a florinda mesa, apúntame ese nombre porque luego voy a usar en algo.
Y de ahí puso a jaimito el cartero. Ah, que era de tangamandapio, claro.
Creo que ella fui yo. Creo que ella fui a tocar allá.
Sí, sí, padrísimo. Y fíjate que un día, que no veo a figueroa, que le mando un fuerte abrazo.
No sé, hermana. De michoacán.
Me hizo favor de poner un helicóptero y un coche para conocer todo, todo el estado. Todo el estado.
Saben lo que me entraste, con la escasez de dinero. Precioso.
El pantalón negro. Bajabas en una iglesia que era difícil llegar en coche.
Bueno, total, pues que hay... ¿hace cuánto eso?
Ya un rato. Uy, muchos años, ¿no?
25 años. Y le digo, pues yo quiero ir a santiago tangamandapio.
Y entonces, ya sabes, pues vamos en el helicóptero. Y dije, ¿y ahora cómo encuentro dónde estaba mi papá?
Porque ahí hizo su servicio social. Y entonces, pues voy a la casa de gobierno.
No, a la casa de gobierno. Y había un cuate que se llamaba el tarzán.
El tarzán tenía unos bigotes de aquí a acá, así. ¡no!
Para comerse los levantaba y comía. Como morsa.
Sí, el tarzán, tipazo. Saludos al tarzán, que seguro anda por ahí.
Y entonces le digo, oye, pues tarzán. Y mira, aquí estuvo mi papá.
No, yo te lo localizo ahorita. Y hizo como ocho telefonías.
¿ocho telefonías? Nada.
Ay, perdón, ya estoy. No, pues nada, no, nadie lo conoció.
O, pues ya fue hace mucho tiempo. Ah, ya sé, mi tío.
A ver, voy a preguntarle. Y entonces, este, pero vamos, está aquí a dos cuadras.
Y entramos a una tiendita de esas antiguas, antiguas, antiguas de... Abarrotes chiquita.
De abarrotes chiquita, que estaba junto a la casa de donde vivían la gente, ¿no? Claro, como las tienditas de antes.
Sí, estaba yo en hoy. Y entonces entro.
Y un señor con unos lentes. Lentes de ese tamaño.
Y me dice, ernesto. Perdón, gary.
No te preocupes, ma'am. Y este, ah, caray.
Ah, caray. Dije, no, ¿y qué ibas a venir?
Ay, no es cierto. Te estaba esperando.
Ay, me vas a hacer llorar. Ay, pues, sí, fíjate, sí, fíjate en la historia esa.
Digo, es que vengo a buscar dónde hizo su servicio social mi papá. Aquí.
¿en la tiendita? Aquí, en la casa de mis papás.
Yo era un niño. No le haga.
Guau, yo quiero conocer dónde era su consultorio. Pasa, por favor.
Y me hizo pasar. Me dice, esta sala era su consultorio.
Ay, qué bonita. Sí.
Oiga, pero, ¿y dónde comía? No, él comía con nosotros.
Se calentaba sus tortillas con nosotros. Él no quería comer con mis papás.
Alguna vez comió con ellos, pero aquí platicábamos. Y los de la...
De servicio de la casa. De esas casas antiguas, antiguas, antiguas.
Que tiene su... Patio central.
De patio central. Y que tenía, pues, su tiendita al lado.
Muy preciosas. Su tiendita al lado.
No le hagas. Y le digo, no, pero debe de estar usted en un error.
Porque mi papá me decía que llegó un changarrito. Y era un catre.
Y que era un pueblito. Y que había un...
Pues, un muchacho joven. Que era el valiente.
Y que fue un día al... Al...
A donde están los gallos. ¿cómo se llama?
Al... Al palenque.
Al palenque. Y este...
Que estaba con el presidente municipal. Y con el...
Pues, que él tenía dinero en el pueblito. Y que los balancearon a los dos.
Y que él nomás se... Se...
Me dice, pues, todo eso es cierto. Pero de que vivía en un changarrito, no.
Aquí vivía de... Hasta las seis de la tarde.
Y después iba a casa de sus tías. Donde tenía un cuartazo así.
Le digo, ay, ¿cómo cree? Entonces, no nos dijo la verdad.
No, hombre. Y disfruté tanto ese viaje.
Porque me estuvo contando anécdotas. Me estuvo contando cómo era mi papá.
Me estuvo contando... Qué chulo.
Con quién se contaba. Sí, increíble.
Ay, qué padre. Increíble, increíble.
No le hagas. Increíble.
¿viviste a tu viejo, tú? ¿o no lo viviste?
¿lo tuviste? Yo sí.
Sí, sí. Gracias a dios.
Ok, ok. ¿hasta de mierda?
Se murió hace... No, se murió a los 70 años.
Ah, ok. Sí, se murió muy joven.
Pero fíjate que cuando se murió mi papá, pues yo fui el primero en llegar y él se había caído. Se había pegado en la cabeza y lo cambié.
Quería que lo vieran muy elegante y... Ay, muy duro.
Muy fuerte. Madre, güey.
Sí. Pero era un tipazo, un señorón precioso.
Gran platicador. Súper culto.
Sabía de todo. Podías platicar con él seis, siete, ocho horas de lo que fuera.
De todo. Sabía de comida, de viajes, de...
Pero su pasión era napoleón bonaparte. Napoleón bonaparte lo estudió 17 años.
Guau. Sí.
Cuando no había internet ni nada, entonces mandaba por los libros a europa y los mandaba a traducir. Sí.
Entonces tenemos los libros y la traducción juntos, sí. Los tienes todavía.
Sí, claro. Qué padre.
Tengo todas sus cosas. Tengo su primer estudio.
Me gusta su amante. Consultorio.
Y pues total que se fue allá y los mandan para vacunar a los niños y todo, ¿no? Y pues mi papá se gastó toda su lana, ya sabes, y regresó y le dice a mi mamá, yolanda, pues no me puedo casar todavía porque fíjate que tengo que regresar.
Se me olvidó vacunar a los niños. Se me olvidó.
Y que agarra yo... La señora yolanda, mi mamá, y su anillito, que ya sabes, un diamantito de este tamaño.
Y dice, ah, sí, pues mira, enrique. Y ¡pac!
Que lo tira para un jardincito que estaba allá fuera de su casa en la calle colima. Y entonces mi papá, no, yolanda, no, cucas, le decía cucas.
Y entonces el pobre estaba ahí, busque y busque el anillito. Y todas sus hermanas le decían, lo sigue buscando, lo sigue buscando con una linterna.
Pues que no lo encuentre. Le hizo corajito.
Hizo su coraje, hizo su coraje. No, oye, no, te contaban unas historias maravillosas.
Un día llega mi papá y, ya sabes, era niño rico, pero pues él decía que no, pero llegaba en su buick convertible y no sé qué, ¿no? Y entonces llega y pues había un coche ahí enfrente de la casa de mi mamá, en la misma calle colima.
Y entonces iban saliendo. Ay, no, enrique.
Es que vino a visitar, pero no. No, no, yo es que a mí me gusta yolanda.
¿otro vato? Sí.
Ah, ¿te gusta mi novia? ¿qué te pasa, no?
Te veo en chapultepec a tal hora. Ah, pues ahí te veo.
Pues órale. Entonces llegaban y todos los amigos y todo, ¿no?
Ya sabes, ¿no? Parvada.
Sí, parvada. A ver, ¿cómo que te gusta mi novia?
Vas a ver. Y mi papá era buenísimo para los cates.
Entonces, pac, pac, pac. Y de repente el otro dice, ay, mi ojo.
¿qué pasó? ¿cuál ojo?
¿cuál ojo? Es que es mi ojo de vidrio.
Me lo sacaste. ¿cómo?
Vamos todos a buscar el ojo. ¿cómo?
Todos buscando el ojo. ¿para qué se andaba peleando el hombre con un ojo de vidrio tan bien chingado?
Y encontraron el ojo y ya se volvieron amigos, ya sabes, ¿no? Qué valiente el otro de andar peleando con un ojo de vidrio.
Como era antes. Mmm.