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Ya regresé, estúpidas mugrosas, nada que verientas, rascacazuelas, traga cuando hay, cachaloco, otras tiran, poquiteras, recoge migajas, muerde la mano. Regresé aquí al grande y escandaloso caminadora.
Para seguir cocteleando y seguir hablando de muchos trucos, recuerden que para mí es un gusto y un placer estar con ustedes, mugrosas, aunque no lo crean, me encanta. Me encanta, me encanta este pequeño segmento que la vida me ha regalado, que es tener un momento para platicar de mis puterías, mis escándalos y mis joterías.
Me encanta, me fascina, me enloquece, pero hoy no les quiero seguir contando más de lo de pobrecita de mí, hoy quiero contarles la clase de perra en la que me convertí. Ay, sí, hermana, y no perra en exitosa, preciosa, no, no perra en perra, para no, en liosa, en pocas palabras, en castrosa.
Ay, no, hermanas, es que uno en el camino de la vida... Va optando y va agarrando muchas, muchas cosas que a veces ni le corresponden a uno en la vida, hermanas.
A veces, así suele pasar, wey, yo siento que ustedes entienden esa parte, de que a veces uno va por la vida y vas comprando todo lo que escuchas, wey. Vas comprando todo lo que escuchas y vas creando en tu cabeza y en tu corazón un chingo de cosas y de sentimientos que empiezas como a tener rencores, empiezas como a tener odio.
Empiezas como a... A tener ese, resentimientos que, que sea, que se, que suele pasar, hermana, suele pasar mucho.
Yo, ay, espérenme, estúpidas, le voy a dar un poquito más rápido. Recuerden que mi cuerpo no es natural, que estoy hecha por el doctor iván mercado, mis tetas son del doctor iván mercado, mi nariz del doctor pérez rocha, por si te dejas el pendiente, y el injerto de fuepel.
Me injerté cabello en la frente porque estaba entradona, tenía entradas de todo un verdadero señor. Entonces, lo que hice fue injertarme.
Injertarme, cabello de chava, muchos dicen que es cabello de chango, otros piensan que son cabellos del culo, pero no, son cabellos de mi pelona, de mi nuca, y me los pusieron en la pelona. Yo ya estoy producida, hermanas, mentira te diría, puro gimnasio, no, no te dejes convencer.
Si tienes para un buen ejercicio, hazlo, una buena dieta, lo va, si tienes para una buena cirugía, lo va. Ay, tú date, hermana, que no te importe nada.
Al fin y al cabo, mira, yo prefiero llegar al infierno bien gozada que ir al cielo bien frustrado. Entonces, pues así es esto.
Yo, ya ven que les he platicado muchas coterías, pero anteriormente todo lo que les platiqué, nada más les platicaba, obviamente, porque todo va por pasos. Nada más les platicaba lo que yo vivía y lo que yo sentía, pero ahorita les voy a empezar a platicar lo que yo hacía.
Eso no es fácil de decirlo, pero ni modo. Aquí venimos a platicar y a coctelear.
El pedo no es. Lo que me hacían el pedo es lo que yo hacía después de lo que dios sentía que me hacían.
Ese es el problema, hermanas. Por eso les dije ahorita al principio que uno empieza a comprar ideas y empiezas a comprar cosas de comentarios de toda la gente.
Bueno, a mí me han enseñado. Yo les voy a decir lo que a mí me han enseñado y lo que he aprendido.
A mí me han enseñado y he aprendido con la vida, con lo que viví, con lo que pasé, en el lugar en donde ahorita me encuentro. He aprendido.
He aprendido. He aprendido.
Y eso es malo, que uno aprende también de sus cagadas. En este caso, yo pues ya ven que les había comentado de aquel chico.
Vamos, vamos a regresemos nuevamente ahora a la otra cara de la moneda. Regresemos a la otra cara de la moneda.
Empezamos con aquel hombre que tocó este cuerpecito a la edad de cuando tenía mis 15 años. Ya ven que me mandó al chile y todos los trucos y todos los escándalos.
Espérate, este no fue el pedo. Ya después de que pasó esto, este, y ahorita les cuento más de, o que les cuento más de atrás.
Sí, más de atrás, mejor más de atrás, para que entiendan, para que entiendan el, el, el, el, el truco. Ojalá y me alcance, hermana, si no, ya saben que se los voy a dar en pedacitos, perras, ¿eh?
Pues bueno, te cuento. Cuando yo estaba en la primaria, cuando era niño, obviamente, ya les había contado que yo pasé situaciones que me marcaron mucho en mi adultez.
¿por qué? ¿por qué?
¿por qué? ¿por qué?
¿por qué buscar aquellas cosas que de niño nos llegaron a marcar? Porque esas repercuten, y no lo digo yo, lo dicen los psicólogos, los que saben.
Repercuten casi en la mayoría de los seres humanos. Porque obviamente, pues uno tiene que investigar, estúpida.
Entonces, una de las cosas y de las situaciones que yo llegaba a pasar, tal vez yo creo que porque mis hermanos estaban, pues ellos en su pedo y yo en el mío. O tal vez no encontraba a alguien con el que yo pudiera sentirme compaginado.
Fíjense que desde niño, yo quise tener un hermano o una hermana con la que compaginar hermanas. O sea, lo entiendo ahorita que ya crecí, que ya estoy vieja.
Pero, o sea, me retorno, me retorno, me retorno a muchas vivencias que he tenido de que digo, wey, yo hubiera querido tener una hermana con la que yo pudiera jugar a lo que a mí me gustaba. Porque a mis hermanos les encantaban las maquinitas y les encantaba el fútbol.
A mí nunca me gustó. Ni sé jugar fútbol, ni sé jugar maquinitas.
Y, pues, siempre me abrían, wey. Entonces, yo quería alguien con el que, pues, yo jugara, siempre jugaba sola, bueno, solo, siempre jugaba solo, que no me importaba, pero, pues, siempre hubo como que esa ausencia, como de, de, de tener a alguien con el que yo quisiera, con el que yo hubiera podido tener eso, esa, como se puede decir, comunicación o esa, o esa, como de jugar a lo mismo, ¿saben?
Entonces, de ahí viene una cosa que, obviamente, que estuve buscando siempre en todo. Toda la, en toda, en toda, en toda mi vida, que siempre estuve buscando, este, a alguien, al, alguien con el que yo pudiera sentir ese apoyo emocional.
Esa es una de las cosas. Otra de las cosas es todo lo que viví en la primaria.
Ya les había platicado que me, que se reían de las casas donde estaban, pues, sencillitas, que eran de texas y esas cosas. Entonces, todo eso me, me llevó a mí a esa edad a empezar a, a, a querer tener otra vida.
De la que no, de la que tenía por el miedo a las burlas, por eso es bien que dice, no hay que burlarnos de nadie porque no sabemos el día de mañana qué nos toque, preciosa. El chiste no es cómo le vaya a él, sino qué te vaya a tocar.
Así es esto de la vida. La vida es una ruleta.
A veces estás arriba, a veces estás abajo y te llega el putazo por donde menos imaginas. Por donde menos imaginas, mamá.
Entonces, pues, yo vivía, yo vivía ese tipo de situaciones de niño. Pero, pues, eso es inocente, hermana.
No sabes ni qué pedo, hermana. Ni es tu responsabilidad.
A mí me lo dijo la psicóloga, no te culpes por eso. No fue tu responsabilidad.
O sea, la, la, clau, a la que le mando un saludo a clau, a mi amiga clau, allá que, que es la que me trata allá afuera y que me estuvo dando muchas cosas y que le estuve platicando muchas cosas de mi niñez. Y, obviamente, me quedé ahí, ya no la he podido ver desde que entré aquí, pero ya cuando salga la voy a, voy a seguir con mis sesiones.
Este, de sanar ese niño interior, hermanas. Este, creo yo que...
Es lo que más trabajo cuesta de repente, güey. Porque, pues, imagínate meterte introspección hacia tus vivencias que llegaste a tener.
En mi caso, yo, pues, que viví esas situaciones, ¿no? Y que, pues, obviamente yo no tenía comunicación para decirles a mis papás.
Este, no, no les decía lo que pasaba. Este, no sé por qué no lo decía.
No sé. Tal vez yo creo que por, por miedo o, o no lo, o no lo decía.
Porque, pues, tal vez desde ahí me empecé a sentir como... Como culpable de lo que pasaba.
O sea, desde esa edad empecé a cargar culpas, güey. Desde bien chico empecé a cargar culpa de todo lo que pasaba a mi alrededor.
Yo me sentía siempre la culpable. Así, o sea.
Y, pues, estás niño, no entiendes razones, no entiendes de pedos, no entiendes de nada. Y dices, no, güey, o sea, ¿por qué?
Pues, bueno, ahí quedo, estúpida. Después, siempre andaba escondiéndome yo.
Siempre me escondí, hermanas, para estar jugando a mis cositas. Porque, de repente, sentía como que, como que, pues, yo veía a los niños jugar a cosas de niños y yo jugaba a cosas de niñas.
Y de ahí empecé como a, a confundirme. Decir, si está bien o está mal lo que estoy haciendo, pero me gusta, ¿saben?
O sea, lo entendí de vieja, ¿eh? O sea, un niño no, no a esa edad.
¿qué niño, qué puede, un niño qué puede hacer, estúpida? Un niño nada más vive, come, duerme, juega.
Mi mamá igual trabaja, mi papá igual trabajaba. O sea, yo, pues, no me la pasaba mal, pero tuve que buscar el, por el trasfondo.
Sobre todo, mi cagadero que hice ya cuando andaba ya de vieja. Porque hice un cagadero.
La neta. Ahorita les voy a platicar.
Me voy a quitar las mil máscaras que traigo puestas. Entonces, me dicen las mil máscaras.
Me las voy a quitar ahorita con ustedes para que vean. Entonces, este...
Eso es en mi vida, en mi... Lo que viví en mí, en mi...
A mi alrededor. Yo lo que hacía era como, como, como evadir, o sea, como que a esa edad buscaba como una fuga y mi mayor fuga era irme a dormir, mi mayor fuga era, este, llorar, eh, ya a esa edad me empecé a sentir solo por muchas situaciones y que mis papás no tienen la culpa y ya se los había platicado la otra vez.
O sea, ellos no tienen la culpa de nada.