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Y recuerdo que yo estaba duro y dale a mis papás y en una de esas me dijo mi mamá, pues dile a tus abuelos, a esos mismos abuelos que cuando tú eres un joven, adolescente, pensando 15, 16, pues ya no les hablas, ya no estás con ellos y lo único que ellos desean es estar contigo, pasar tiempo de calidad y amarte y sentirse amados. Pues ahí va este pendejo, les hablé y les dije que quería comer con ellos, uff, recuerdo la voz de mi abuela todavía al día de hoy, claro que sí, ven, vemos, bueno, pues ahí va este pendejo.
Y recuerdo que llegué con ellos, mi abuelo pues viajaba mucho y estaba ahí, o sea, él hizo todo, cambió todo para estar ahí junto con mi abuela. Me hicieron todo un buffet, paquete.
Estaban felices, guillermo, estás aquí, mucho tiempo no te vemos y pues ya después de la comida, llegando al postre y le digo a mis abuelos, es que hay un concierto y no tengo dinero para ir y quiero ir porque van a ir mis amigos y quería ver si ustedes me podían prestar dinero. Una mirada, la mirada de cómo les rompí el corazón, de que fui por conveniencia y que no fui para estar con ellos y disfrutar.
Tras el tiempo, que claro, que era lo único que yo también quería, mi abuelo no dudó un segundo, abrió su cartera, me dio el dinero y me rompí yo mismo el corazón. Y hoy no están conmigo, pero yo sé que me están viendo y ellos saben que son todo para mí también.
Y les ofrezco una disculpa porque dentro de mi juventud, ignorancia, egoísmo, chabaco, pues eso pasó y me arrepiento hasta el día de hoy de eso. Y lamentablemente no se los puedo decir, así que todos los que tienen sus seres queridos, sus abuelos, díganles las cosas porque luego no se los puedes decir.
Eras un chamaco, eras un chamaco y eras un chamaco, no me dimos, no me dimos las cosas. Sí.
Bueno, la vez que a mí me rompieron el corazón, lo platicamos en la sesión pasada. Un poco, yo tenía una familia muy bonita, una familia de dos personas que se amaban y mi amor para acá, mi amor para allá, casa llena todo el tiempo, amigos, bohemias, músicos, beisbolistas, vecinos, un ejemplo de pareja con tres hijos muy chiquitos.
Yo era el más grande de nueve años, ocho, diez años, mi otra hermana de seis y mi otra hermana de cinco, hasta un poquito más chiquitas. Y empecé a ver cómo esa relación de mis padres se fracturó de un momento a otro.
Entraron varias cosas, entró la religión, el fanatismo de mi mamá por la religión. Quería obligar a mi papá.
Quería que fuera testigo de jehová. Mi papá enfadado empezó a salir con alguien más.
Y nosotros estábamos en el limbo, en medio de una relación rota y siendo unos niños indefensos. Y la casa de toda esa alegría y de toda esa fiesta y toda esa algarabía que había todo el tiempo, se convirtió en algo bien oscuro.
Depresión. Lágrimas todo el tiempo, golpes.
Un chorro de cosas que nunca en mi vida me imaginé vivir y que crecí con eso. Y me llevaron a tener una adolescencia bien pinche.
Bien pinche. Y pues nada, agradezco enormemente al buen corazón y a los buenos valores, como lo dije la vez pasada también de mi padre y de mi madre.
Porque anduve de chamaco en lo que no se imaginan y gracias a dios yo nunca caí en eso. Y creo que fue porque ese momentito que nos regalaron a mis hermanas y a mí fue un momentito que duró poco, pero fue muy valioso.
Fue muy valioso. Pero esa fue la primera vez que me rompieron el corazón cuando mi padre llegó con mi mamá y le dijo, me voy de la casa.
Lo tengo clarito. Como si fuera ayer.
Eso es. Venga, maestro.
Ahorita que les comentaba que era una persona muy, pues no cerrada, pero sí muy viscosas de familia. Aquí he dicho cosas que nunca había dicho en mi vida y es muy raro.
Es muy raro, pero también sana. Y los comento porque estaba yo en ese pensamiento.
¿quieres? Es la persona que ya no está y más extrañas.
Pues extraño a muchas, a mi abuela, a mi papá obviamente, etcétera, pero pues creo que mi mamá es la persona que más extraño. Mi mamá conoció a mi papá desde los 14 años, estuvieron juntos hasta que mi papá falleció.
Y cuando murió. Pues yo la sentí como una niña así sola, como abandonada, aunque era una persona fuerte y siempre echando para adelante y siempre con mucho ánimo.
Así es que, pues yo siempre la cuidé después de eso, sobre todo después de eso. Y tengo la alegría de que platicamos mucho, nos cacajeamos mucho.
Tengo la alegría de que conoció a sus nietos. Y también.
Nos cacajeamos muchísimo, pati también la disfrutó mucho. Y estaba muy bien, estaba sanísima a los 97 años.
Ahora, ahora me duele mucho que en la pandemia no la veía más, pero todas las semanas venía de vaya de bravo a verla y comía con ella y me cacajeaba. Y estábamos juntos y como un niño chiquito me hacía piojito en la cabeza.
Y un día se cayó, se rompió la cadera y la tuvieron que operar, juré que ya no iba a salir porque pues la edad era lo que podría haber indicado. Pero salió muy bien y muy feliz, muy feliz, muy feliz.
Y estábamos todos muy contentos de que iba tan bien. Y un día se puso, se puso mal como niña chiquita, como que no recordaba.
Empezó a buscar a su tía abuela que la había criado, pero ya cuando la llevamos a su casa estuvo muy bien, hasta que le dio un aneurisma y en seis días se fue. Y fueron los peores seis días de toda mi vida, ya no quería ir al hospital, ya quería que dios se la llevara y le pedí a dios que se la llevara.
Pero la llevé a mis hijos y platicaron con ella y mis hermanos platicaron con ella. Y...
Y... Y...
Y... Y fue muy duro porque a veces somos tan egoístas que yo estaba en su lecho de muerte y ella no quería morirse.
Cuando pensaba que ya se había muerto volví a respirar hasta que me caí en cuenta que nos quería todos junto a ella. Y le hablé a mis hermanos, les dije vengan para acá y entonces falleció y nunca se va a olvidar el sonido que hizo.
Pero siempre está en mi corazón y en el corazón de mis... ...
Nietos de paty... Muchas gracias mamá por todo.