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Yo que casi todos los días, no todos los días, limpio el baño con mi equipo. En cuanto lo acabamos de limpiar, no pasa ni una hora y en el lavabo alguien...
Basta de dientes. Está lleno de pelos, no, de pelos, chiquititos, que ni siquiera se toman el tiempo de echarle agüita para que se vayan.
No sean gachos, mínimo espérense que en la noche ya se hayan usado. O sea, los acabamos de limpiar, voy a lavarme los dientes y ya está lleno de pelos el lavabo.
Entonces, nada más hay que ser un poquito más conscientes con el trabajo que hacemos todos. Así como cuando la cocina está limpia y llegas y de una vez lo lavas para no dejarlo ahí.
Así mero es. O sea, hay que respetar ese trabajo.
Respecto al equipo de los baños, o sea, si ya te lavaste los dientes, no te cuesta nada enjuagar el lavamanos. Porque de verdad no pasan tres segundos cuando ya están blancos.
Son cosas que no se nos tienen que olvidar. Eso se platicó desde la primera semana que estábamos aquí y yo he sido cuidadoso con eso.
Y son cosas que siento que no se nos tiene que olvidar. Les voy a platicar una anécdota de volada.
Mi papá y mi mamá eran una pareja espectacular. Espectacular.
O sea, de los más lindos y hermosos que puedan imaginarse. Mi amor para acá, mi amor para allá, todo el rollo.
Mi papá era bohemio, machín de corazón. Músico, amigos músicos, cantantes, todo el rollo.
Mi casa se la llevaba llena de gente. Llena de gente.
Muy cabrón. Y entonces, esa relación era muy bellísima.
Ella y eran grandes anfitriones y la casa siempre estaba llena y siempre había bohemio y siempre había todo. Entonces, un día, yo estaba bien morro, tenía como cinco o seis años.
Y estaba la fiesta, todo lo que daba, toda madre. Iba saliendo del baño, del único baño que teníamos en la casa, el que compartíamos todos.
Mi mamá, mi papá, mis hermanas y yo. Iba saliendo un amigo músico de mi papá.
Y entró mi mamá al baño y estaba la taza, güey. Ay, de verdad.
Llena de miados, güey. Pero llena, llena, llena, toda de miados, el piso, la taza, todo, güey.
Entonces, mi mamá va y le reclama a mi jefe. Y va y le dice a mi papá, eh, güey, hasta aquí llegamos, güey.
O sea, o haces algo o le dices a tus compas, pero yo no voy a estar limpiando esta madre, güey. ¿entiendes?
Esa madre a mí me marcó para siempre, güey. Cuando yo vi el cagadero y vi que mi mamá lo tuvo que limpiar, esa madre a mí me marcó para siempre.
Entonces, a lo que voy con esto es que son cosas que nos molestan seguido. Como tú dijiste, oye, güey, alguien entró al baño ayer.
Las crayoneadas. Dejaron, lo dejaron todo crayonado, no le bajaron.
Son cosas que ya se platicaron, güey. Son cosas que ya, lo de la pasta ya se platicó.
Hay alguien que le molesta y no está bien, por más que lo discutas y lo digas. Los pelos en el lavado.
Los pelos en la regadera. No están bien, güey.
No se tienen que estar diciendo y diciendo y diciendo y diciendo las cosas, güey. ¿verdad?
Tomemos, tomemos acción en eso. La neta, estamos caminando bien perro y son pinches detallitos que si los pulimos vamos a estar a toda madre.
Hagámoslo, respetemos el trabajo de los demás porque se están partiendo la madre todo el mundo en la casa. Perdón, y como fontanero oficial, lo único que les pido es que cuando entren al baño, más por ustedes, jálenle una vez para saber si está tapado, porque si ustedes hacen sobre lo que está tapado, entonces sí se hace.
No, no, se los digo porque, porque no, es que finalmente el que entra le da mucha pena porque entonces no sabe que estaba tapado y entonces.