
La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Siempre jimmy y rebeca. Y un día, él subió a su auto.
Puso la cabeza de rebeca, como siempre, al lado del volante para no dejar de verla. Iba entonces por un lugar oscuro de la ciudad.
Porque para él no era solo rebeca. Él quería seguir haciendo lo mismo a estas alturas.
Ya era un vicio. Un lugar oscuro de la ciudad.
Nadie supo nunca qué pasó con eduardo. Solo encontraron su cuerpo.
Con la cabeza cercenada. Después de meses y meses que se preguntaban qué había sido de eduardo payarés.
Qué había sido de rebeca, que habían desaparecido. De la cabeza de eduardo.
Porque el cuerpo sí lo habían encontrado. No sabían quién era.
Sin embargo, sus compañeros decían que estaba loco. Era un maníaco.
No, era un buen amigo. Y sabía mucho de medicina.
Él quería hacer lo que el profesor soddy nunca pudo hacer. El profesor soddy, murmuraciones de sus alumnos.
Y se preguntaba si eduardo payarés había logrado lo que él no había hecho. En su juventud y en su temprana madurez.
Ese sueño del doctor soddy de reducir cabezas de manera perfecta. Eso hizo que un día el doctor soddy llegara a una actitud definitiva.
Ese viejo. Ese viejo ya en decadencia para sus alumnos.
¿qué pasó? Ese viejo auto llegó a la casa de eduardo payarés.
Esa casa que había sido tatapeada por la policía. De una manera u otra lo logró.
Logró entrar a esa casa. Sin preguntarse siquiera cómo.
Porque habían encontrado esa cabeza en algún sitio del asesinato de eduardo. Al abrir el refrigerador, puso el mismo.
Alunas favoritas. Rebeca quintanilla.
Rebeca quintanilla. Reducida perfectamente.
No podía decir que él había encontrado su cabeza y había reducido a la misma para que él tuviera fama. Fama en la medicina mundial.
Salía en todas las revistas, en todos los noticieros, en todos los periódicos. Él tomó esa cabeza con mucho cuidado.
En su pañuelo. Ese pañuelo que todos los viejos cargan.
Y lo puso en su maletín. Finalmente en mi vejez podré recibir ese mérito por el que luché siempre.
El que aprendí, el que nunca recibí. Así es que llegó a su casa.
Y a manera de ritual. Y esa que iba a cambiar su vejez.
A la hora del maligno. Anoche.
Porque yo estaré ahí temprano. Esperando a mis alumnos.
Sí. Y en esa, en esa prontitud.
Él subió a su auto. Y fue hacia la universidad.
Riendo. Ese viejo decrépito.
Sin ningún libro, sin nada en las manos. Nos iba bailando en la oscuridad.
Nunca había tenido esa energía y esa, esa felicidad en su corazón desde hace tantos años. Se sentó en su.
Le mandó a los alumnos. Pasaron dos horas y él seguía ahí.
Y en ese momento. En ese momento recordó a dora.
Dora, la muchacha que le ayudaba al doctor sodi. Iba a llegar a las seis de la mañana.
¿y qué va a pasar? Lamentablemente.
Dora llegó y vio todos los alimentos tirados. Ay, doctor, doctor, ¿qué pasó, doctor?
Respondía. Doctor, algo refrigerador con tanto miedo y se oyó un grito.
Su espíritu, cabeza de rebeca, que ya se la había llevado el maestro. En el más allá, la cabeza de eduardo estaba reclamando.
Entonces, el maestro se encontraba ahí. Todavía en el aula.
Con sus alumnos. Entró un cuerpo descabezado, con olor a muerte.
Y ese día hubo una matanza fatal. Tomaron la decisión.
Esas dos cabezas. Cerraron esas cabezas juntas para toda la eternidad, como hemos dicho.
Y pasaron años y años. Esa tumba se llenó.
Ya nadie iba a visitar. Los antiguos alumnos habían crecido.
Tenían sus familias. Pero siempre en las noches se veía esa tumba descuidada, pabeza.
Y así los tres se quedaron. Esta ha sido...
Cuenta la leyenda. Que quien pase por esa tumba va a dar descabeza.
Esta ha sido la hora... Sin.
La hora macabra de la casa de los famosos. ¡no mames!
Yo decía que la iba a cortar este cabrón. ¡guau, cabrón!
¡guau! ¡qué perros están!
¡me encanta! ¡me encanta!
¡está perrísimo! Es la hora de la cuenta.
¡guau! La hora sin guardia.
La actualización. La actuación.
Pero este, está en el aula y luego en la cocina se encontró yo. ¡puta madre!
¡este es el peor! Pero tú, tú, tú.
Se quedó en el refri y de repente dices, oh, ya se habían llevado la cabeza, ¿no? Se puso bueno el desmadre.
Puro arte en el baño de la casa de los famosos. Vean nada más, guau.
Qué gente tan talentosa, dios mío. Aquí desde saturno comunicándonos con el público.