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Ay, déjales platico del italiano. Hagan de cuenta, nada más que no, hermanas.
No sé si, o sea, yo creo que yo ahorita con el doctorado que ha pasado uno, siento yo que era verbo, la verdad. O sea, era verbo, porque pues no creo, hermanas.
Bueno, pues eso me decía, pero ya sabe qué pasaría, porque me dejó de, déjenme, digo, porque me dejó de ver. Hagan de cuenta que una vez andaba en el antro en la madame, ahí en la madame, creo que estaba en el mariano escobedo antes.
Saludos a joana, hasta la madame, disco club allá en león, guanajuato, el antro gay, que tiene años, años. Ahorita nuevamente lo volvieron a abrir y tenía añales.
Ahí conocimos a todas las chicas y era súper conocido en león. Uy, se sabía bien padre la motofiesta, hermanas, cuando entrábamos en el antro, que hacía la feria de león.
Recuerden que la feria de león está todo que ver. Uy, horrores de viejos que llegaban al antro gay.
Horrores. Nosotros les decimos chacales o mayates.
Al mayate o al chacal, así les decimos, bueno, en león, así les decimos a los hombres que les gustan las trans, mayates o chacales. Y, pues, mana, horrores hasta para aventar de arrastrar a loba, mamá.
Me llegaba a besuquear con bien hartos. Una vez me fui con uno de una moto.
Ay, guapísimo el hombre, altote, guapo, pelón, así bien rico. Ay, todo que ver.
Pero, bueno, o sea, no todo fue malo, güey. También hubo momentos padres.
Entonces. Una vez estábamos en el antro, ahí en el mariano escobedo.
Estaba yo sentada. Ah, no, acababa, estaba, fue hace poquito.
Fue hace poquito, sí, no. No, ya tiene tiempo.
Fue cuando agarré mi temporada que me bajaba yo, es decir, que yo, que me bajaba yo. Tenía como 23 años, 24 años, más o menos.
Que me bajaba yo de mi casa y le decía a mi mamá que me iba a trabajar los fines de semana de noche. Y a mi mamá nunca le gustó que yo trabajara de chica buena onda, hermanas.
Me decía, ¿para qué trabajas de eso? Si tienes manos para trabajar.
No sé en qué necesidad tienes de andar haciendo eso. Siempre me decía.
Pero, pues, a una le encanta el desmadre, güey. Le encanta el protagonismo, le encanta figurar.
O sea, obvio. Yo decía, no, pues, ahí es donde yo encontré todo lo que buscaba.
Que no me cerrieran de mí, que no me burlaran, que supieran que soy trans. Y ahí fue donde me gustó.
Ahí es donde vi mi aceptación, en la putería. Entonces.
Y aparte, porque no te daban trabajo, no te daban trabajo en otros lados. Pues, estaba yo, una vez llegué al antro y, de repente, estaba parada.
Ahí hasta me acordé ahorita. Ahorita me acordé.
Fíjate, no me acordaba de este. Porque fue algo que me gustó.
Porque, pues, cuando me iba a imaginar yo que un güey italiano guapísimo me iba a hacer caso. O sea, una perra que no salía de su rancho, tres cuadras, dos topes, 20 perros.
Pues, mana, loba. Es como cuando te llega alguien así extranjero a tu.
Por eso yo creo que me gustan los extranjeros porque como que me retoma. Bueno, remoto a esa historia de vida.
Yo creo que me remota a esa experiencia, este. Y luego, de repente, llegó un güey este.
Estaba guapísimo, hermanas. Llegó ahí, hablaba un poco español y estaba en la barra.
Yo estaba en la barra parada porque siempre nunca traía dinero para comprarme una pinche cerveza, perra. Yo era de las que me iba al antro arreglada a fichar.
O sea, llegaba a fichar a ver cuál viejo me disparaba una chela, una cubeta o un tequila. O sea, era de las que llegaba al antro y me paraba en la, o sea, a talonear en el antro.
Yo donde veía la oportunidad ahí. A veces ahí me ocupaba.
Salgaba clientes de ahí y me iba con ellos al hotel ichis. Ahí estaba yo parada así en la barra y de repente me llegó el chavo este.
No me acuerdo cómo se llama. ¿para qué les digo que sí me acuerdo?
No me acuerdo. Este, pero estaba muy guapo.
Y me preguntó que cómo me llamaba. Ya le dije que karina.
Me invitó una chévez. Y ese día, pues, yo le dije que trabajaba también.
Era de escort. Yo así bien perra.
No, pues, es que yo soy escort. Este, yo trabajo de chica buena onda y, pues, igual aquí vengo a trabajar.
Yo bien perra, segura de mí misma. Dije, ¿perra?
Pues, yo aventaba el sablazo, hermanas. Yo decía, a ver qué sale.
Chingue su madre. No, yo decía, que caiga.
Le aventaba el anzuelo a ver si pescaba algo. Loba en completa.
A mí no se me iba ni una. Aunque anduviera.
Era perra. Yo decía, tengo que sacar mínimo pa'l taxi porque, pues, ¿cómo?
Entonces, muchas me van a entender. O sea, me gustaba la fiesta y el desmadre.
A veces me salía a trabajar y ni trabajaba. Terminaba bien perra, bien borracha y en una casa de fulano que ni conocía.
O sea, que de repente nos hicieron una que otra gatada, que ahorita les voy a platicar. Y luego, este, pues, la realidad de las cosas es que, pues, una no se daba a querer, hermanas.
En pocas palabras. Una en el ambiente no se dio a querer.
Entonces, pues, hubo varias chicas trans que, pues, no les callas bien, que te veían. Algunas te veían menos, así como, como que eras una jota pioja, una jota mugrosa, porque no te dabas a querer.
Porque siempre andabas cagando. Yo andaba cagando el palo.
Entonces, pues, ¿qué recibía? Lo que daba.
Tan fácil. Pues, obviamente, ya pasaba eso.
Entonces, pues, que el chico me dice, ¿cuánto? ¿cuánto cobras?
Y ya le dije, yo creo que cobraba 200, hermanas, fíjate, 200 pesos me iba y me entregaba a muerte. Ay, dios mío.
¿por qué? Pero porque eso cobrábamos, nosotras cobrábamos 200 y las que estaban operadas cobraban 500 en esos ayeres.
O sea, ahorita voy a cobrar 1,500, güey, o sea, hasta me quiero meter a trabajar otra vez en perra. Ya ahorita está producida, digo, bueno, 1,500 no me caen mal.
En 20 minutos, rápido. Unos 10 me diviento un buen cuajo.
Entonces. Entonces.
Entonces, me fui con él al hotel, pero bien raro el viejo. Es que fíjense que saben que a mí me pasaba mucho.
Cuando yo empecé de andar de trans, a mí me tocaban muchos viejos que me decían que me veían como mujer. No les gustaba verme mi parte de adelante.
O sea, a ellos no les gustaba. Siempre me decían que me tapara.
Otro pinche confusión más. Es como una hasta bien pendeja.
Es como cuando estás... Dicen que somos como una esponja.
Absorbemos todo lo que vemos. O sea, es como una esponja.
O absorbes todo lo que... Es como una esponja en agua.
Absorbe todo. Así.
Yo bien idiota. Entonces.
Bueno, les voy a platicar ahorita de eso. Ay, pero ya se va a acabar el tiempo.
¿qué les parece si mañana lo dejamos? ¿les parece?
Ay, es que estoy bien entretenida. Bueno.
Entonces. Pues, me voy con él al hotel, hermanas.
Me voy con él al hotel. Guapísimo.
No me la creía, güey. Te lo juro.
O sea, neta. No me la creía.
Llegamos al cuarto del hotel. Y el día siguiente, me voy con él al hotel.
El chico, pues, se desnudó y todo. Y ya dábamos peditos y pidió unas cheves y todo.
Pero, ¿qué crees que cuando me iba a desnudar yo? Pues, obviamente, él supo que no estaba operada.
Porque siempre me preguntaban. ¿estás operada?
Y yo me hormonizaba. Y tenía pellejito.
Le dicen. No, no estoy operada.
Ah, no te preocupes. Así no pasa nada.
Y otros me decían. No, es que busco una chichona.
Ay, bien perro. Sí.
Pues, yo bien perreada, sin chiches. Pues, más bien que me aferraba a querer tenerla.
Dije, pues, con chiches voy a tener más clientes. Nunca me operé en el talón.
Yo creo que ya hasta después de que dejé el talón, ya me operé. Entonces, y aquí las enseño como si nada, ¿verdad?
Pues, es que es un gusto, hermanaza. Ya no las pude enseñar.
Mínimo las enseño acá. ¿sí o no?
Una ex es divisionista. Entonces, pues, que me dice que me quite todo.
Pero que no me quite el calzón. Ay, no, yo qué raro.
Ya en ese tiempo ya había explorado. Muchas cosas.
O sea, los roles. Ya había tenido diferentes roles y todo.
Y tuvimos relaciones así normal. Intimidachis.
Pero no me, no me decía que no. Ya cuando terminamos, ¿qué creen que me dijo?
Que le gustaba. Que me quería volver a ver.
Pero el día que él me viera mi parte íntima, ya no lo voy a volver a ver. Así loco el viejo.
Dije, güey, vas a contratar una transitoria. Tú sí sabes que la trans trae rifle.
O sea, yo ahorita lo veo así antes, pues, bien pendeja. Ilusionada con el viejo este.
Imagínate, como idiota. Pues, ¿tú crees?
No había experiencia, estúpida. No había experiencia.
Entonces, pues, me quedé con esa idea. Dije, ah, no, no hay pedo.
Dije, pues, me está pagando, ¿verdad? Pues, si él dice que no, pues, no.
Pues, me fui con él. Pasó la semana y lo volví a ver el otro.
O sea, lo vi como tres fines de semana o cuatro. No me acuerdo.
Este... Y me decía, te veo...
Y nunca me pasó su número. Me decía, yo te veo...
Yo te vengo a buscar. Y me iba y me buscaba.
Y en cuanto llegaba al antro me decían luego, luego, karina, te anda buscando un viejo. Papacito.
Allí está sentado, pidió mesa. Que ahorita vayas para allá.
Uh, yo llegaba, me sentía muy perra, hermana. O sea, llegaba con el viejo y haz de cuenta como si fuera mi marido de años.
De esas perras que llegan y que te encuentras un viejo en el antro y sientes que es tu marido del amor de tu vida. Yo...
Todos fueron los amores de mi vida. Estuve bien pendeja para la pasión.
Todos eran los amores de mi vida. Y, pues, yo feliz con el viejo.
Y otra vez me volví a ir con él. Pero ya, siempre que me iba con él, pues, íbamos bien pedos, hermanas.
Y después él traía truquito. O sea, ya saben qué.
Ya estaba y todo. Y así pasaron dos veces hasta que me fui la última vez que me fui con él.
Pues, nos desatamos en el momento. O sea, llegamos y...
Yo llegaba ahí, me llegaba y me decían, otra vez vino el mismo viejo que te vino a buscar ocho días. Te está esperando.
Llegó a preguntar por ti. Allá está.
Y, pues, ya jamás lo volví a ver.