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¿quién es más clínex allá? Pues, en mi caso, la persona que ya no está y más extraño, sin duda, es mi mamá, la persona que me dio la vida, la persona que más me ha amado y a la que yo más he amado.
Siento que se fue. Yo tenía 23 años.
Siento que se fue cuando yo todavía estaba muy chica. Siento que nos quedamos a deber muchas cosas, muchas pláticas, muchas conversaciones.
Ella decidió someterse a una cirugía en la cual todo salió mal. Todos estamos seguros que fue una negligencia médica.
Ella estaba perfecta de salud y, de repente, estuvo un mes en el hospital. No tenía seguro de gastos médicos.
Nosotros no teníamos cómo saber cómo estar. No sabíamos solventar todo lo que se estaba gastando en medicamentos y en todo eso.
Yo estaba en el cea graduándome. Ella se metió en la cirugía en noviembre.
Yo me gradué en diciembre. Ya no llegó a ver mi última hora de teatro.
No llegó a mi graduación. Nadie me quería decir exactamente qué es lo que estaba pasando hasta que yo me gradué y me fui a tamaulipas y me di cuenta que de la gravedad del asunto.
Y... Sí.
Y siento que me faltaron muchas cosas por vivir con ella. Me hubiera encantado que me hubiera visto en la tele, que hubiera visto que había valido la pena todo el esfuerzo que habíamos hecho de estar separadas, de no pasar cumpleaños juntas, de no pasar días de mayo juntas, de todo lo que tuvo que invertir en mí para que yo pudiera vivir aquí en la ciudad.
Me hubiera gustado podérselo haber compensado de alguna forma. No me pude despedir de ella, eso es lo que más me dolió cuando yo llegué y ella ya estaba en coma y ella nunca despertó.
Y eso es una lección que me gustaría compartirles a todos los que siguen teniendo a sus padres. Que los disfruten, que los visiten, que les hablen, que se perdonen.
Porque yo daría lo que fuera, todo lo poquito que tengo por verla una vez más, por platicar con ella. Por darle un abrazo.
Justo les comparto que en 12 años que lleva en otro plano, solamente una vez había soñado con ella y otra vez fue estando aquí en la casa. Entonces es un regalo muy bonito que nunca voy a olvidar.
Soñé con ella estando aquí, gracias. Y bueno, pues quiero siempre desearle lo mejor.
Sé que está con dios. Sé que...
Que ella no se quería ir. Que tenía muchas ganas de seguir viviendo.
Que ayudó a muchísima gente. Y me enorgullezco de ser su hija.
Ella está muy orgullosa. ¿te está viendo?
Gracias. Vamos a seguir llorando.
Ella es la persona que ya no está y más extrañas. Perdón.
Un día recibimos una llamada. Les decía de lo cercano que éramos con mis abuelos maternos.
Vivíamos lejos. Ellos vivían en estados unidos, yo vivía acá.
Entonces siempre la distancia era una situación en la que no nos visitábamos. No los visitaba mucho por cuestión de trabajo.
A veces me escapaba. Recuerdo una en el 2011 de los panamericanos.
Me escapé dos días para verlos porque estaban enfermos. Ya no estaban al 100.
Y me regresaba. Pero yo dentro de mi forma de pensar era como siempre van a estar ahí.
Siempre están ahí, siempre están ahí, siempre están ahí. La distancia, siempre están ahí.
Y empezaron, mi abuelo empezó a tener problemas con la circulación de su sangre. Hicieron la operación, le empezaron a hacer hemodiálisis una vez al día.
Luego fueron dos veces al día. Luego fueron tres veces al día.
Y eran unas jornadas en donde terminaba exhausto y se lo externaba mi mamá. Y él decía que ya no podía más.
Yo supongo que dentro del egoísmo, el egoísmo es luego uno de uno. Porque no quieres que se vaya tu ser querido.
Pero ahí entendí la frase más vale morir de pie que vivir de rodillas. Porque él era un hombre muy fuerte.
Siempre fue el ejemplo de todos en el caso de mi mamá. Nunca tuvo ninguna debilidad.
Siempre fue echado adelante. Y recuerdo cuando habló y dijo que se iba a dejar de hacer hemodiálisis.
Que tomó la decisión. Y que podrían ser horas.
Porque su sangre se iba a empezar a llenar con las toxinas. Que no se iba a poder sacar por el hemodiálisis.
Y que allá estaba desahuciado. Que allá le llaman hospice.
Pues te leen una, tienen un panfleto para que te digan qué es lo que puede pasar con tu ser querido, etcétera, etcétera. Bueno, el tema es que yo ahí sí tomé.
Y me fui inmediatamente a verlo. Le ayudé a bañarse por primera vez.
Lo vi frágil. Recuerdo que lo vi muy frágil.
Lo bañé. Ayudé a bañar hasta mi mamá y mi tío.
Ya vivían en un lugar para adultos mayores. Que les ayudaban, la verdad.
Un lugar muy bonito. Y yo ahí le dije gracias por todo.
Porque yo soy el hombre que soy. Mucho por lo que tú me has enseñado.
Fue como que me dijo, no, no, no. Nada que ver.
Tú eres por ti mismo. Bajó a comer con nosotros.
Literalmente fue la última comida, la última cena. Y a partir de ese momento, dijo, no me siento bien.
Se subió. Y empezó el proceso donde recuerdo todo el tiempo diciendo que se levantaba de la cama.
Se acostaba. Se acostaba.
Y empezó a delirar. Empezó a decir muchas cosas.
Porque obviamente tu cuerpo ya está lleno de muchas circunstancias. Eso me dolió de sobremanera.
Eso va a vivir conmigo siempre. Sin duda alguna.
Pero lo que más me dolió, mi abuela que ella empezaba con principios de demencia. Y tenía una cuidadora también en ese mismo lugar.
Y me jaló. Me jaló.
Y ella tenía delirio. Empezaba a tener como delirio de persecución.
Que le querían hacer daño. Y me puso junto al teléfono.
Y me dice, por favor, dime cómo marcarte. Porque voy a necesitar, voy a necesitar que vengas por mí.
Tu abuelo se va a ir. Y te voy a necesitar.
Y estaba con ella. Me dijeron, no le hagas caso.
No es cierto. Tiene un delirio de persecución.
Y yo no le dije a mi abuela. Y yo no le dije a mi abuela cómo marcarme.
Porque me dijo la enfermera. Y fue la última vez que vi a mi abuela.
Y la última vez que vi a mi abuelo. En menos de un año se fueron los dos.
Oh, mío, qué cosas. Sí.
Qué cosas. Gracias.
La persona que ya no está y que más extraño es mi abuela paterna. Se llama, se llamaba lupita.
Lupita, mi nana lupita. Y esa señora no hizo nada más que darme amor.
Ser como otra mamá para mí. Y hacía las mejores tortillas de harina de sonora.
Qué delicia. Siempre tenía tortillas de harina en esa casa.
Siempre había frijoles recién hechos. Y siempre había un pedazo de queso para hacerte un taquito a toda madre.
A mis compas les encantaba ir a comer allá a la casa. Siempre que yo llegaba de la chamba o de donde anduviera, me recibía con una carne con chile.
La salía perfecta. La carne con chile era deliciosa.
El caldo de queso le quedaba perrísimo. Y siempre me dio puro amor.
A mí, a la familia. Y la verdad, la gocé muchísimo.
Bailé mucho con ella. Canté mucho con ella.
Le llevé muchas serenatas. Siempre se quedaba conmigo en la fiesta hasta el final.
Ahí sentadita yo con toda la bola de cabrones ahí echándome unas chéveres. Y se asomaba por la ventana ahí.
Y le decía, abuela, ya váyase a dormir, hombre. Y me decía, no, ni madre, aquí te estoy viendo.