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Tenía 19 años, la pata ya se había venido a trabajar, ya estaba chichona, la patas, y yo andaba ahí metida en el truco. Y me dice karina, yo le dije hermana llévame a ciudad de méxico, porque hagan de cuenta que antes en león, la mayoría de las trans que se operaron en mis tiempos, cuando yo estaba más chiquilla, se venían a ciudad de méxico, porque aquí había mucho cliente muy mono, había clientes aquí, o si todavía hay, clientes que les pagaban las operaciones, les pagaban departamentos, les compraban carros del año, porque aquí ciudad de méxico ha sido más libre, en algunas cosas, o en otras cosas, no sé, ha sido siempre más libre.
Entonces, nosotras que somos de otro estado, decíamos, es que en ciudad de méxico se triunfa, y eso fue lo que le enganchó a patas, y patas se vino para acá. Entonces, que la patas me trae, vente, pero acá no quiero que te andes drogando, perra, porque si te drogas te voy a correr.
Pues pasó, porque me drogué y me mando al chile. Pero deja, espérate, estúpida, empiezo a conocer lo que viene siendo el qué.
El gran lavado, no conocía el lavado, a esa edad lo hacía como podía, para poder tener a seaford. Conocí el gran lavado, uy, me sentí libre como chava, y que me meto con clientes que me hacían de todo, mamá.
Uy, nena, yo así era, soñada la niña, soñada, decía, guau, guau. Dije, ¿en dónde estaba?
¿qué estaba haciendo? Entonces, guau.
Que me meto, me vengo con la, con la pata así, pues llegaban y copros, no, eran unas trans bien guapas ahí. Nosotros nos parábamos donde está la clínica, el psiquiátrico, fíjate, el psiquiátrico ahí estaba.
Ya eran las señales que yo iba a estar en el psiquiátrico algún día. Estaba el psiquiátrico, y ahí trabajábamos unas, donde está romero en tlalpan.
Ahí nos parábamos con el gordo, hace mucho tiempo. Te estoy hablando de hace, pues yo tenía 19, 29, 30, 31, 32.
34, 35, 36, 17 años, porque wendy ya les platicó que ella se la trajo, pero nada más duró una semana, o no sé cuánto duró, y se regresó. Primero se trajo a wendy, luego me trajo a mí la patas, porque la pata siempre no, hermana, si yo salgo adelante, ustedes también, y nos vamos a poner bien perras.
Pero wendy y yo siempre fuimos el desmadre, güey, siempre nos encantó la pedra, la loquera, el desmadre, el cotorreo, y patas no, era más así de, tengo que trabajar, porque pues ella desde niña también la ha perreado mucho. Entonces, ella siempre tuvo que ver por ella.
Y ella decía, no, pues le empezó súper bien, la patas llegaba con un chingo de lana cuando trabajaba con ella acá en ciudad de méxico, hermanas. Y yo decía, no mames, qué padre.
Este, entonces conozco a los clientes de acá y, ay, mija, imagínate venir de allá, donde los viejos me decían, tápate ahí, o no te quiero ver ahí. Y acá se daban vida, me decían, desnúdate completa.
Y yo, en serio, sí, desnúdate completa. Y pues, me daba vida, hermanas.
Toda completa, y los viejos ni en cuenta. Y yo dije, güey, o sea, qué pedo, o sea, qué está pasando.
Pues, más te confundes, dices, estoy viviendo en otro, en otra, en otra, es otro, otro, otro, otro, otro, un otro universo, qué pedo. Que había también uno que otro que lo hacía, pero eran contados allá en león.
Y acá era más libre, era el chiste que acá era más libre. Ya no viví tantos esos escándalos.
Entonces, poco a poco fui como que aprendiendo, ¿saben? La vida, la vida me ha enseñado a aprender.
Y pues, yo feliz, y yo llegaba, pues, de primero me fue bien, hermana, la verdad. La verdad, sí me fue bien de primero, pero luego la cagué.
Primero llegábamos y pues, estaban todas paradas muy guapas en romero, las cotas más bonitas de la ciudad de méxico. Unos maniquizos, o sea, hermosas.
Y nos parábamos con varias allá atrás, afuera del psiquiátrico. Este, y la pata es igual, pues, obviamente se cobraba.
En ese tiempo cobrabamos, yo cobraba, no, mil, mil o quinientos, no, quinientos. No, mil y quinientos.
Quinientos el oral, ah, no, quinientos completo y doscientos cincuenta el oral. Y allá en león cobraba doscientos el completo y cien el oral.
O sea, que era el doble. O sea, imagínate, yo que no estaba chichona.
Entonces, pues, todo que ver, hermanas, todo que ver. Me acuerdo que la pata llegaba con bien harto dinero a la, nos hospedábamos en el hotel acapulco.
Ah, no, en el hotel playa, hotel playa. Creo que todo esto es hotel.
Ahí nos operábamos. El otro día, paula me estaba platicando que vino a ciudad de méxico porque venimos mucho para acá.
Y dice, güey, el otro día fui allá donde vivía antes en el hotel cuando taloneaba acá en ciudad de méxico. Y fui a, a comer con la señora de la vuelta porque había una señora que vendía comida de tres tiempos acá.
En este tiempo de que se dan consomé, sopa y todas esas cosas. Entonces, este, ya después me quedé con la pata.
Sí trabajé unos dos, tres días. Creo que me quedé un mes.
Me quedé un mes porque la cagué, hermanas. La verdad sí me iba bien, o sea, de ahí conocí otra cosa.
Dije, güey, o sea, qué onda. Entonces, como que te vas liberando.
Me fui liberando cuando me vine a ciudad de méxico, como que me liberé. Pero luego después, pues la cagué.
Este, ya después ya no trabajaba muy bien yo ahí en donde estábamos afuera del psiquiátrico. Y después paula me dijo, ¿qué te parece si donde cobran más?
Porque tienes que dar, pues, te cobran piso. O sea, te cobran un, te cobran piso.
Te cobran un piso por trabajar. Y acá pagábamos mil pesos a la semana.
Y a veces, y paula me lo llegó a pagar dos semanas o tres semanas. Dos semanas.
Porque yo no ajustaba y me decía, ¿cómo ves si te vas al paradero de san antonio de abad? Ahí en tlalpan está el paradero de san antonio de abad.
Ahí está enfrente con la pochis. Y dije, bueno, pero vamos a estar separadas.
Dice, ¿qué tiene, hermana? Yo cuando nos vengamos a trabajar, yo te dejo en el taxi ahí y yo me voy a trabajar allá.
Porque acá cobran menos la semana y puedes sacarlo. Y, pues, me dijo, ¿qué te parece si te cobran menos la semana?
Me parezco, ay, qué bonitos recuerdos. Me paré a trabajar sola.
No duró mucho mi ilusión. Duró un mes y medio, creo.
Entonces, me paré a trabajar ahí sola. Pues, me desaté, manas.
Que llega un cliente muy perro. Que me dice, vámonos aquí a la vuelta, tengo mi negocio.
Y me fui con él. Y, pues, el viejo me pagó muy bien.
Me había dado una buena lana. Me dijo, quiero que te quedes toda la noche conmigo.
¿cuánto me cobras? Pues, creo que le cobré.
Creo que le cobré ocho mil pesos. Pues, dame ocho mil pesos.
Pero, ¿en serio te quedas toda la noche? Sí, me quedo toda la noche.
¿qué sabe qué tanto? Me los dio.
Y ya estábamos pisteando y haciéndole el servicio y todo. Y, de repente, saca droga.
Y, valió madre. Yo no tenía un mes que no me drogaba, perras.
Y saca droga el pinche viejo este. Y, pues, dije, ya valió madre.
Pues, me quedé con el viejo, me enfiesté. Terminé.
Y me... Dije, no, ya me voy, ¿sabes qué?
Ya sé que ya es de mañana, dame más dinero. No, es que ya no tengo.
No, pues, ya me voy. Agarré un taxi y me fui al hotel.
Y llegué al hotel. Y, en vez de llegar directamente con paola, me fui a loquear con otras cotas.
Entonces, paola me andaba busque y busque, márqueme y márqueme. Este...
Márqueme y márqueme. Yo, en ese tiempo, traía un novio de acá de ciudad de méxico que todavía veo.
Este, que, de hecho, me vine para... Fíjate cómo una cometa viene a otras locuras.
Cuando me... Decidí venirme para acá, era por él.
O sea, se llama héctor. Era por él.
Él lo ve, él sabe qué onda. Y me la llevo muy bien con él.
Y yo dije, pues, andaba de noviecita con él. Y dije, me voy a venir con...
Pues, acá sirve que vivo con él. Y lo vi acá una vez, creo, nada más.
Después ya ni... Ni me...
Ni me habló, no sé. O sea, nunca le he preguntado.
Le voy a preguntar cuando lo vea. Le voy a decir, a ver, ¿por qué dejaste de...?
Porque de repente dejó de ir, hermana. Ya no me contestó mensajes.
Nada más lo vi una vez y ya no me volvió a contestar, güey. Y, pues, me abandonó.
Me abandonó. Entonces, ya no lo...
Ay, y yo le dije a él que ya no me buscara porque no llegó. Sí, es cierto.
Yo le dije a él que ya no me buscara, que me dejara en paz. Porque no había llegado una vez a verme.
Que me había dejado plantada. Fíjate hasta dónde lo...
El miedo al abandono. El miedo a que te vuelvan a dejar.
Acometes tantas imprudencias en vez de hablar, en vez de expresar lo que sientes y lo que piensas. Es siempre por el pinche impulso.
Por el impulso. Entonces, pues, ese día me fui, me metí a encerrarme.
La pata me estaba marque y marque. Le aventé un pinche chorote de aquellos.
Hermana, es que me dejó un viejo en una carretera. No sé dónde ando.
Me acuerdo que hasta me metí al baño y caminaba para que escuchara mis pasos. Y yo loqueando, hermana, así la pata bien asustada.
No, pinche perra, dime dónde agarra un taxi. Yo acá lo pago, vente.
No, ahorita llego, hermano, ahorita llego. Ya voy para allá, ahorita voy caminando.
Ya ahorita llego. Ahorita agarro un taxi.
Y, pues, no. Oye, nunca llegué.
Me la pasé loqueando. Me acabé todo el dinero.
Después, la pata se entera que estaba ahí, en el cuarto del hotel. En el otro cuarto.
Estaba enfrente de donde nos quedábamos. Y, pues, la pata se enojó y me dijo, no.
Yo te quiero mucho, hermana. Eres mi amiga, pero yo no te traje a esto porque te vas a echar a perder más acá.
Si de por sí en león eres bien loca, imagínate, te vienes acá a ciudad de méxico más. Entonces, pues, agarra tus cosas y hazle como quieras.
Me acuerdo que ese día le marqué a mi mamá para decirle que me mandara para el boleto del camión cuando cobraban 500 pesos el camión de ciudad de méxico a león. Y me regresé, hermanas.
Esa fue mi experiencia en el talón aquí en ciudad de méxico.