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Yo no puse nada más que mi nombre, mi instagram, porque es obligatorio, mi edad y ya. Se me hace una mamada poner ahí de que estoy buscando una relación, porque si no sé ni lo que quiero.
Entonces, bueno, me sale este chavo, no me acuerdo cómo se llamaba y aunque me acordara no lo voy a decir, pero me acuerdo que era como mitad israelí, mitad no sé de dónde y vivía aquí en la ciudad de méxico desde hace años por trabajo. O sea, nada que ver conmigo, con el medio, con el arte, era algo tecnológico, nada que ver.
Pero cuando me metí a su instagram vi que tenía varios amigos en común y dije, ah, ok, o sea, no es un desconocido, porque lo seguían varios amigos actores. Dije, órale, va.
Va, va, va, va, va, va, va. Total, me cito con él y me invita, y me cita, de que a mí me gusta, por ejemplo, que también los güeyes me sorprendan.
O sea, ves que luego, ¿dónde quieres cenar? ¿y qué es lo que te antoja?
Pues tú llámame a un lugar que a ti te guste mucho, que te encante para yo conocer más de ti también y la otra lo escojo yo. O sea, hombres, también ustedes tengan iniciativa.
Y me gusta mucho que lleguen. Y me gusta mucho, por ejemplo, que un hombre agarre el menú y diga, ¿te gusta esto?
Sí, ok, esto. O sea, me gusta.
A veces sí y a veces no, pero también me encanta cuando lo hacen, ¿no? O sea, que no tenga uno que elegir el restaurante, o sea, es como que resuelvan.
Entonces, voy con esto, me quedo de ver, nos quedamos de ver en un restaurante de comida israelí, israelita, no sé cómo se diga, o sea, en un lugar en la roma o en la condesa. ¿qué te gusta?
Total, llegamos al lugar, él por su lado y yo por el mío. Habitantes, esto es primera llamada.
Y estaba cerrado. Primera llamada.
Estaba cerrado el restaurante en el que nos quedamos de ver a las ocho. Yo llegué, lo vi y desde que lo vi dije, ish, este, traía como una mancha en la blusa, en la t-shirt, los zapatos así como que medio desaliñado, que a mí no me, no tienen que andar así, pero una cosa es andar hipioso, que me encanta.
Y otra cosa es que la ropa esté sucia, ¿no? Sentía como que se acababa de levantar de la cama, ¿no?
Como que todavía traía el almohadazo, no sé si me entiendan, tipo. Hasta aquí se le veía así como el almohadazo, no sé.
Bueno, total, este, no, pues que está cerrado y que no sé qué. Y le digo, ay, aquí en la esquina hay uno muy rico de comida china, sobre la, no lo sé, sobre álvaro obregón, caminando.
Ah, pues vamos. ¿verdad?
Llegamos, nos sentamos. No sé qué.
Este, cero iniciativa del menú. ¿qué quieres?
Y yo, pues es que los platos son medio grandes. Hay que pedir a lo mejor uno tuyo, uno yo y compartimos, pues para que no sobre comida, ta, ta, ta, ta.
Aparte en las primeras citas. Bueno, la verdad es que a mí me vale.
Yo trago igual en la primera cita o en la segunda. O sea, que sepan que me gusta la tragadera.
Total. Pero pues los platillos si vienen vastos, entonces a mí no me gusta que se desperdicien.
Y luego tampoco me la iba yo a llevar ahí con el titacate. O sea, bueno.
Total. Me siento, empezamos a platicar, una energía, él platicando como a este nivel de voz, como, en español, con un español extraño, como, con un español como que...
Y yo, les juro que me estaba durmiendo, oigan. Cero gracia.
La misma gracia de un chícharo. Una papa sin sal.
Mono de la cara, los ojos muy bonitos, hasta, hasta, a ver. O sea, hice match con él porque le di que me había gustado y él le dio a mí que yo me había gustado y habíamos hecho match.
Pero pues las fotos es una cosa y luego en persona es otra. Aburridísimo el hombre.
Aburridísimo. Y luego cuando lo, me acuerdo que lo, terminamos de cenar a rastras, las pinches cenas.
Y donde ella le digo, no, pues muchas gracias. Y él, no, pues que hay que vernos.
No sé qué. Luego, luego me dijo que él quería cuatro hijos y yo, oye, espérate, güey, no sé ni cómo te apellidas, ¿no?
Este, cuando le doy el abrazo para despedirme y yo así de... Oigan, olía como, como a viejito.
O sea, de esas, sí se acababa de levantar. Ni siquiera se echó un regalazo, ni siquiera se echó perfume, ni siquiera se acicaló tantito.
O sea, de que... Algo.
Traía el almohadazo, o sea, que le doy el abrazo y que lo huelo y yo así de chingas a veinte. O sea, no olía feo, no olía mal, pero olía a sábanas a que te acababas de levantar.
O sea, ni perfume. Y yo, y yo, ya, ya me conocen.
Y yo, oye, ¿tú no usas perfume? Y él de que, sí, sí, pero no, eh.
Ay, no, señor. Me olvidó ponerme que no sé qué y yo, ah...
Ya. No, pues tampoco.